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lunes, 10 de septiembre de 2018

Pedro Miguel Arce Montoya- IFPmorena









Escritor, Periodista y #CiberActivista
Consejero del Instituto Nacional de Formación Política de MORENA
Representante del fideicomiso de MORENA  para la reconstrucción del 19S



Estudió Antropología Social y Literatura Francesa. Ha realizado trabajos de museografía, difusión cultural y periodismo y colaborado con ensayos, artículos de fondo y crónicas sobre política mexicana e internacional, en diarios mexicanos como Unomásuno, El Día, Punto y La Jornada; en El País (Madrid), Libération (París), Yomiuri Shinbun (Tokio) y La Opinión (Los Ángeles). Ha publicado sus cuentos en los suplementos “El Gallo Ilustrado” y “Revista Mexicana de Cultura”. Ha participado como guionista y comentarista de televisión (Multivisión y Canales 13 y 22) y como colaborador de Servicios Argos Informativos y columnista de Personal Computing.

Manuel José Pedro Miguel Arce Montoya, ensayista, novelista, cuentista y poeta, recrea en su poesía los temas del amor, la existencia y la condición humana, bajo un enfoque sociológico. La fe del adversario es una bitácora autobiográfica del poeta. El caso de Virginia Farfán: la mujer diurético, publicada originalmente por entregas en internet, es una novela de crítica social mediante la ironía, la exageración, el humor, y el enfoque escatológico de sus personajes, que cuentan con poderes extraordinarios a la manera de los del cómic.





Con información de:



"A los 10 años estrenaba nuevo país.
A los 20 estaba enamorado como un cerdo.
La treintena me pilló en el disfrute de un oficio.
Llegué a los 40 con una bebé en los brazos.
Al medio siglo me había incorporado a un movimiento político.
El regalo de los 60 es participar en una transformación nacional.
Pinche vida. No dejas margen para la queja."

___________




Fragmentos de Entrevista en Cuba (2013) sobre
Periodismo y Tecnología
https://lapupilainsomne.wordpress.com/2013/09/17/pedro-miguel-periodismo-y-tecnologia-parte-i/



Nací en Guatemala. En 1967, a la edad de 9 años, llegué a México, y me quedé allí como guatemalteco, siendo y sintiéndome guatemalteco hasta los 20, 21 años. Después perdí todo interés y todo vínculo con Guatemala y me consagré a México.


No tengo una formación universitaria. Básicamente mi educación transcurrió en México donde llegué a hacer cuarto de primaria y luego un año de secundaria en Guatemala. De formación académica superior solo dos semestres de lengua francesa, uno de arquitectura, tres de antropología y ya.



La Jornada se fundó en medio de la miseria, nuestra gran maestra fue la miseria, porque nuestros recursos no alcanzaban, y para entonces –te hablo del principio de los años 80-, lo que había en el mercado eran sistemas de fotocomposición, dedicados, especiales,  y cada terminal de fotocomposición costaba de cinco a diez mil dólares.

Y alguien descubrió que una computadora personal (PC) IBM podía hacer el trabajo de una terminal de fotocomposición, si tú la programabas, y podía hablar con una fotocomponedora, si tú le ponías los programas y cierres necesarios.

Se compraron entonces 12 computadoras personales, que estaban enchufadas a la fotocomponedora por medio por medio de una caja, era la caja HIJ.

P: ¿Cómo de qué año estamos hablando?

R: 1984. Eso conformándose, era Word Star, era Word Perfect, era DOS. Tú con tu mando le decías  a la caja HIJ: “compón así; justifica; línea a la izquierda, centra”.

Así se funda La Jornada. Es decir, debió haber salido a circulación el primero de septiembre del 83. Es el día del informe presidencial. A los directivos les parecía era una fecha crucial, políticamente importante. Pero empezamos a circular el 19 de septiembre. El cable que conectaba a la computadora con la HIJ, no podía salir de la aduana, y retrasó toda la salida un cable, un cable serial.

Y como era todo economía cerrada, estábamos a diez años casi de firmar el TLC. Sacar un tornillo de la aduana era una pesadilla. Tenía que llegar un especialista evaluador a cotizar, para ver qué impuesto tenías que pagar.

En el tiempo de solicitud de la autorización para poder sacar el cable serial, alguien en el periódico dijo: “oigan, seguro vienen los diagramas de las conexiones. Vamos a fabricarlos nosotros; con soldaduras.” Y el cable todavía está en la aduana. Fabricamos uno y lo enchufamos, ya desesperados.

Son historias muy interesantes. Entonces tú le decías a la HIJ, conformándose entre brakes lo que tenía que hacer: permitir una capitular, que la metiera en negrita, que la metiera en cursiva, que le diera tanto de interlínea, que le diera tanto ancho.. Y salían galeras, en papel fotográfico que había que revelar y después encerar para pegarlas en cartones para ir armando las planchas, y después al Off Set. Estábamos saliendo del linotipo, de los tipos calientes.

Después Payán me encontró con una computadora bajo el brazo. Las primeras computadoras personales que podía uno comprarse eran unas que enchufabas al televisor y almacenabas información en casetes de audio, ¡un horror! Cuando hubo una, me la compré, por supuesto.

P: Eso no llegó a Cuba. Aquí llegaron los flopys de 8 pulgadas…

R: Ah, los flopys. Aquella computadora es contemporánea de los flopys de 8 pulgadas, pero los flopys eran muy caros, casi prohibitivos. Entonces tenías la alternativa barata que era la casetera, que grababa.

Yo tenía inquietudes con la informática desde mucho tiempo atrás. Para mí las computadoras fueron un hallazgo, un descubrimiento, una obsesión.

Me atraía el aspecto literario. Yo decía: “es que este aparato me puede ayudar a escribir”. Por supuesto, cuando en México aparecieron las máquinas de escribir electrónicas, yo empeñé mi choche y me fui a comprar una. Era una maravilla. Las compu que hacían galeras.

Payán estaba obsesionado, yo estaba obsesionado. El día que Payán me descubrió con la computadora me dijo: “¿Y eso qué es?” “Es una computadora.” “No, si es más grande.” “No, es que esto es solo el teclado y el CPU, luego la enchufas a la tele.” “Te nombro coordinador  informático del periódico”, es fue el peor error de Payán en su gestión como director, nombrarme a mí jefe de sistemas.

Me pone la obligación de automatizar el periódico. Debía comprar una computadora a Estados Unidos para hacer el periódico, para formar el periódico en pantalla, ya no en cartones. Era muy adelantado para su tiempo.

Fui a Estados Unidos varias veces, a ver sistemas y estudiar por tres meses el funcionamiento de la computadora que íbamos a comprar.

P: ¿Dónde estudiaste? ¿En una universidad o en un periódico?

R: No, en una academia de esa empresa, tenían sus propias academias en donde formaban los técnicos. Tenías que aprender a reparar, a reprogramar, las funciones, desde el sistema operativo. Era una máquina multiusuario, con 32 terminales, CPU paralelos, floppys de 8 pulgadas, respaldo. Unos discos duros inmensos.

Una aventura muy interesante, muy de pesadilla también. Acabé mal, es decir, acabé hundido en una depresión total, porque no era lo que yo podía esperar.

P: ¿Y cómo asumiste ese cambio tan brutal?

R: Pésimo, pésimo. Estamos hablando del 87, 88; y ya había en el gobierno una tendencia neoliberal configurada: los tecnócratas. Pasé a ser el tecnócrata, el que iba a dejar sin trabajo, el enemigo público número 1. Tuve al sindicato absolutamente en contra, también a los reporteros. Pasaron cosas inverosímiles, inverosímiles.

Uno de los reporteros me decía: “No, me niego a escribir entonces”. Le pregunté por qué y respondía: “Mira, yo tacho continuamente guiones, y guiones. Si no me gusta empiezo a escribir otra cosa, entonces tengo que estar viendo lo tachado, no puedo”.

Bueno, le inventé una fuente tachada que no existía. Le dije: “mira, escribe, si no te gusta lo marcas, lo vuelves fuente tachada y sigues escribiendo.” Entonces, estuvimos perdiendo disquetes que eran de cinco un cuarto porque las computadoras tenían dos lectores de disquetes, uno arriba y otro abajo. Y ellos tenían las habilidades para meter el disquete en medio de las ranuras. “Se comió mi disquete la máquina”. “¿Cómo que se lo comió?” “Sí, no sale.” “Tiene que salir, nada más mueve la palanca.” “No, no sale.” Entonces iba, “pero es que no hay disquete.” “Sí, está en medio.”

P: De la ingeniería al periodismo…

R: Y el gerente, en esa época, como buen gerente, me mandó a  comprar para él la mejor computadora, la más cara. La más inútil computadora que se compró, la compró él. Un día me llama y me dice: “Oye, mi computadora no sirve.” Le digo: “¿Qué le pasa?” Dice: “se le descompuso el porta vaso.” “Las computadoras no tienen porta vaso”, dije yo. “La mía sí tenía, ven a ver”. El lector de CD ROM; se había comprado una computadora de CD ROM y lo usaba como porta vasos. En fin, pasaron muchas de esas cosas.

Salí de informática, y fui a buscar un ingeniero que me reemplazara, y le dije: es mejor que se encargue de los hierros. Y regresé a mi trabajo de redactor.

P: ¿De vuelta a la redacción internacional?

R: Sí. Muy poco tiempo después empezó La Jornada con un proyecto de cooperación entre varios medios: World Mailer, lo inventaron unos chicos que salieron de Liberación, en Francia, para hacer su propio medio. Lo inventaron en El País, que en ese tiempo tenía una relación muy fraterna con La Jornada. Después, sabes lo que pasó, El País siguió…

P: Su rumbo inexorable…

R: Su rumbo. Entonces, Payán me pidió que me pusiera al frente de eso. Fue muy hermoso, primero porque viajabas mucho y conocías diferentes lugares: Estambul, Jerusalén, etc. Pero era muy hermoso, porque realmente se hacían visiones globales de las cosas, eran repasos muy exhaustivos de un tema mundial.

P: ¿Qué fue la World Mailer?

R: La World Mailer era una red de periódicos, donde estaban Liberación, El País y, por supuesto, La Jornada.

P: ¿Qué hacían? ¿Trabajos en conjunto, publicaciones simultáneas?

R: Mira, había dos reuniones anuales de los medios. Entonces, una vez aprobado el tema, se fijaba un calendario para producir el material, y se dividía el trabajo.

Podía ser el panorama religioso, por ejemplo. “¿Qué nos propones como reportaje?” “Bueno, tenemos el tema de la santa muerte, que es un tema que está surgiendo.” Entonces, “¿qué más tienes con colaboradores?” “Bueno, tenemos al hijo de Rulfo que es fotógrafo, y que está bien…” “Entonces ahí tenemos fotos de México, tenemos un reportaje de México.”

Propones un escritor, “Fulano”. Bien, La Jornada va a aportar esto, eso y aquello. “¿Qué vas a hacer tú?” “Voy a hacer algo sobre el culto gaélico, el culto celta de muerte.” “Perfecto, ¿tú qué vas a hacer?” “Quiero hacer algo sobre la masificación de los velorios, el mercado de la muerte en Estados Unidos.” “Perfecto.” Entonces íbamos juntando materiales a lo largo del exterior.

P: Tenían unos traductores espectaculares, ¿no?

R: En muchos casos se hacían sinergias. Por ejemplo, nosotros usábamos las traducciones que hacía El País, les servían a ellos y a nosotros. O bien no nos gustaba y hacíamos la nuestra.

P: ¿Quién financiaba todo eso?

R: Cada medio ponía un dinero para cada número, y eran suplementos que quedaban para publicar, 64 páginas si querías. Entonces cada medio tomaba sus decisiones soberanas, en cuánto a qué publicaba, cómo lo publicaba, con qué diseño, con qué formato. Si lo publicaba todo junto, si lo hacía a lo largo de un mes, a lo largo de una semana; eso ya cada quién lo decidía.

P: Ah, no era un suplemento, o sí, lo podías hacer como suplemento o como artículo del domingo, era libre a utilizar el material.

R: Artículos cuestionables, y la redacción central producía las tipografías.

P: ¿Qué tiempo duró el proyecto?

R: Duró cuatro años. La participación de La Jornada fue solo de dos, porque entró a partir del segundo número, y se salió porque hubo una crisis en México, y no podía costear los 10 mil dólares por número.

P: ¿Por mes, al año?

R: Por edición, dos veces al año.

P: ¿Y por qué fracasa entonces la World Mailer?

R: No funcionó el modelo de publicidad. Los medios participantes no aguantaron, es decir, invirtieron e invirtieron, pero nunca lograron vender la suficiente publicidad como para sostener aquello. La idea de poder comercializar esos suplementos y sacarle mucho más dinero, eventualmente, despareció.

R: Después, con la renuncia del coordinador de opinión, hay un momento de crisis en La Jornada. Yo asumí el cargo.

En el 92, hicimos un proyecto de televisión, hacer programas noticiosos, en el que el periódico aportaba el diseño editorial. Nos tuvieron también ahí destacados. Creo que hacíamos el guión y todo.

P: ¿Ya eso después del levantamiento zapatista?

R: Antes. Entonces como coordinador de la opinión de La Jornada debía invitar a escritores, hacer mi comentario, en fin.

De ahí pasé a ser coordinador editorial, y en ese tiempo inventé un suplemento de cibercultura, que se llamaba Virtualia, duró unos tres años. Después de eso me dediqué solo a hacer artículos, columnas, editoriales. Hasta la fecha no tengo ningún cargo.

P: Háblanos de la experiencia de Cibero América.

R: Bueno, ese es un proyecto mío que no tiene nada que ver con La Jornada. Lo inventamos un amigo y yo,  pensando que queríamos tener en Internet el pensamiento de integración de América Latina, y que este era el instrumento para integrarlo.

P: Rebelión fue en el 96. ¿Eso es antes o después?

R: Es contemporáneo, pero nosotros no teníamos nada, podemos decir. Teníamos una preocupación regional, de continente idiomático, una preocupación semiótica sobre cómo eran los lenguajes en Internet.

Cómo se redacta en Internet, cómo se diseña y narra en Internet, que no es papel, no es tele, ni radio, es otra cosa.

P: ¿Cibero América sería específicamente el periodismo mirado desde la Web, o sea, la evolución que se está dando en esta plataforma?

R: Sí, eso era lo que queríamos.

P: Además de la preocupación por el lenguaje.

R: Sí, la sistematización del lenguaje era fundamental.

P: ¿Eso salía? ¿En qué lenguaje?

R: Por Internet. Teníamos un servidor.

P: ¿Una página Web, con FPT y demás?

R: Sí, estábamos actualizando todo el día.

P: No fue hasta el 96 que Estados Unidos permitió a Cuba conectarse al cable a una velocidad de 512 KB. ¿En qué año comenzaron?¿Qué navegación tenía México en ese momento?

R: El proyecto lo empezamos a partir del 95, pero lo organizamos en el 99. En esos tiempos las conexiones telefónicas eran insuficientes. Compramos una conexión de 64 KB, que a nosotros nos parecía un avión y aún así la reventamos.

Después, a los pocos meses, contratamos una de 128 KB. Muy pronto renunciamos a ampliar el eje de banda y lo que hicimos fue enviar todo el material a unos servidores en los Estados Unidos.

Tenía una C1, un monstruo, y lo que hacíamos era subir por esa PC nuestro contenido a ese servidor, y ese servidor mediaba con el tráfico, que llegó a ser monstruoso.

Era enorme, fuera como fuera. Estábamos muy adelantados para la época. Nadie entendía qué era la complicidad de línea, y por ello fracasamos estrepitosamente. Estábamos ofreciendo valores agregados que eran comprensibles, por ejemplo, contratamos a Fuentes, contratamos a Rosa Montero, los contratamos como colaboradores.

P: ¿Fue Cibero América algo más que una especie de blog adelantado hecho por dos personas?

R: Sí, fue un proyecto grande. ¿Sabes? Ahí perdimos un millón de dólares.

P: ¿Vendían o no el periódico después?

R: Era gratuito, la idea era la publicidad.

P: Publicidad en línea, porque no era impreso, era un sitio.

R: Era un sitio, y además muy arrogante, muy pretencioso. Nos tomábamos dos semanas en hacer intertextual cada trabajo. Porque con cada artículo que escribiera cada uno de estos grandes, hacíamos 40 líneas por páginas, de modo que el artículo se volviera como una ley que se nos permitía.

P: Así hacíamos nosotros La Jiribilla.  Aunque ahora agota un poco, esa cantidad de vínculo a veces sobra.

R: También hicimos videos. Por supuesto, el usuario tenía que esperar 20 minutos para ver el video. Hicimos un diseño en el que estaba prohibido el scroll, porque el scroll está erradicado. La pantalla tiene su representación, pero también tiene debilidades.

P: Pero eso es también un adelanto para la época.

R: No se podía pasar de pantalla en pantalla, ni navegar para donde quisieras.

P: ¿Qué modelo periodístico utilizaban en ese momento?

R: Ninguno. Nosotros inventamos nuestra serie de reglas. Nos preguntamos cuántos caracteres podrían leerse en la pantalla y dijimos: “Si vas a redactar tu nota, la redactas en fragmentos de 540 caracteres.”

P: ¿Le ponían esa regla a todo el mundo?

R: No, a los colaboradores no, pero a los reporteros y redactores sí.

P: ¿Cuántos reporteros llegaron a tener?

R: Como seis. Llegamos a ser 20 personas.

P: ¿Cómo era el staff?

R: Habían dos diseñadores, cinco reporteros, tres redactores que estaban en plantilla, dos o tres coordinadores que se turnaban. La redacción funcionaba 24 horas, y entonces siempre había alguien de guardia.

Nuestro siguiente delirio fue poner una redacción en Madrid, de esta manera cuando nos fuéramos a la cama, le pasábamos la estafeta a Madrid, esta toma el control y viceversa.

P: Eso fue lo que salvó ahora El País con la foto de Chávez, que tenían una guardia en México.

R: Tenían una guardia en México, así es.

P: Volviendo a Cibero América, ¿qué tiempo duró esa experiencia?

R: Tres años y medio, casi cuatro años.

P: ¿Y fracasó económicamente?

R: Sí, nunca logramos ni siquiera el equilibrio financiero, siempre fueron pérdidas.

P: ¿El sostenimiento era solo sobre la base de la publicidad en la Web?

R: No había otra.

P: ¿Qué reflexiones te dejó esta experiencia? Digamos, ¿qué quedó de esa experiencia para las próximas aventuras?

R: Que hay que emprenderlas.

P: ¿Aún cuando no escaló la tecnología como ustedes pensaron que iba a hacerlo?

R: Es cierto que no escaló la tecnología, ni escalaron los mecanismos económicos como queríamos. Incluso hasta la fecha, tal vez seguiríamos siendo inviables, no sé.

P: ¿Hoy, cuánto da la publicidad en la Web?

R: No tengo idea, no tengo idea.

P: Pero debe ser casi nada.

R: Muy poco. Lo que sí te puedo decir, es que si me dijeran: ¿volverías a hacer Cibero América a sabiendas de que vas a fracasar? Yo diría: “sí, lo vuelvo a hacer”. ¿Por qué?, en primer lugar, entramos en contacto con mucha gente.

Mira nuestro pobre ejemplo. Cubrir a distancia hechos que se nos escapaban, cuyo significado se nos escapaba. La rebelión en Ecuador, hablamos de los tiempos de Abdalá Bucarám. En una de esas rebeliones, estábamos nosotros saliendo del horror del rescate bancario en México, que fue la socialización de una deuda privada de 56 mil millones de dólares, una de las mayores atrocidades.

Estábamos todavía con esa experiencia horrible, y se vienen insurrecciones en Ecuador y no entendemos nada de lo que está pasando. Entonces a la gente que nos escribió desde Ecuador comentándonos al medio, nosotros le escribimos de regreso: cuéntenos qué pasa en tú país.

P: Ahí está este compañero, ¿cómo se llama? ¿Osvaldo, Osvaldo León?

R: Sí, Osvaldo León. Y entonces esta gente nos empieza a escribir vía correo electrónico. Empiezan a reportear, hasta que llega uno y dice: “yo conozco un coronel que tiene la visión muy precisa de la situación. Se los voy a poner para que les escriba”. Nos pone en contacto y el coronel dice: “lo que pasa es que el gobierno se quedó sin presupuesto público, porque le tiene que dar todo el dinero a los bancos que están quebrados. Entonces eso ha desatado la insurrección.”

Entonces no pasaba solo en México, también en Ecuador. A raíz de eso yo ordeno una investigación de rescate y descubro que es la tónica en América Latina.

P: Claro, de ahí viene el corralito, de ahí viene todo.

R: Este coronel se llamaba Lucio Gutiérrez. Después colaboró muchísimo con nosotros. Hubo gente que se formó sin que nos conociéramos. Era un taller a distancia.

P: Los editores eran los que propiciaban eso, ustedes no tenían correctores de estilo, ni nada de eso.

R: No, había un contralor encargado de parar los últimos goles. Además de las erratas en Internet.

P: ¿A qué te refieres con parar los goles? ¿Revisar?

R: Hacer las últimas revisiones para que todo estuviera en orden, pero además, la errata en Internet es mucho menos relevante que en el papel.

P: Se arregla, inmediatamente que alguien la detecta, claro.

R: El público te lo dice al minuto.

R: El público siempre lo ve.

Se formó una generación de gente en las habilidades del diseño Web de la redacción, de la composición. Pero sobre todo en las habilidades de concebir cosas. Hay un grabador cubano, Miguel Valdés, que, por un buen tiempo, fue nuestro diseñador.

P: ¿Trabajabas simultáneamente en Cibero América y en La Jornada? La Web es entrega total.

R: Tenía dos trabajos a tiempo completo y, además, era papá soltero. Tenía que hacerme cargo de mi hija a la hora de la comida. Cierto que tenía un equipo, yo dirigía aquello. Pero igual no dormía, igual puse un sofá en mi oficina para quedarme a dormir allí, porque tenía citas a las 7 de la mañana, incluso me bañaba allí a veces.

Tenía que terminar de ver cosas a las tres de la mañana, y también trabajar para La Jornada.

P: La experiencia es muy interesante de todos modos.

R: Esto hay que repensarlo. Yo volvería a hacerlo porque una escuela para mí, un aprendizaje acerca de cómo coordinar equipos, y todo el proceso técnico de una página Web. Aprendí periodismo viéndolo por primera vez como jefe, desde arriba.

P: Ahora es más fácil.  Los sistemas modulares, las plataformas se van construyendo en el camino prácticamente, reconstruyendo, actualizando, incorporando, es una maravilla.

La segunda versión de Cubadebate la sacamos en junio del 2009, y de la fecha hasta el momento ha tenido como diez actualizaciones. Claro, porque con Word Press tienes una comunidad trabajando para ti.

R: Alguien tiene que inventar ese contenido. En ese tiempo nosotros tuvimos que inventar nuestra consola para manejar la página. Tuvimos que programar, picar piedra en la programación, para que un redactor o un reportero pudiera subir la nota por sí mismo, sin tener que ir con el ingeniero. “No, no, tú lo haces; hay un botón “publicar”.” Claro, de ese botón pasaba a la revisión de supervisores. Un lector de contenido.

Ahora, hoy día tú tienes Twitter.

P: Todo el rastreo de la información de Cubadebate, se hizo mucho tiempo por Twitter.

R: Claro, pero aún así no tienes control de los contenidos, del diseño, es decir, inviertes lo de la foto.

P: Es el filtraje de la información. Ahí tienes los periódicos, las agencias, la gente, los editores. Tienes la gente inteligente que te gusta y le escribes y tienes los hechos, por ejemplo, cuando el golpe de estado en Ecuador. Estos medios dejan prácticamente obsoleta la televisión.

R: No es necesario, la imagen en la televisión es atrasada. Mi concepto de tiempo real es Twitter.


Más información en esta entrevista en Cuba:
https://lapupilainsomne.wordpress.com/2013/09/17/pedro-miguel-periodismo-y-tecnologia-parte-i/


Parte 2 de la entrevista

P: Tú decías que había que enfocarse en un nuevo concepto, el nuevo profesional para estos tiempos…

R: Porque no lo hay.

P: Pero, ¿cuál es ese nuevo profesional?

R: Es un profesional, en primer lugar, multidisciplinario, con una cultura vinculativa, que quiere decir tener la capacidad de hacer mini doctorado sen media hora.

P: Y capacidad de asociación de cosas…

R: Yo digo que así como el psicoanálisis tiene una asociación libre de ideas; yo trabajo con una asociación de links.

Es decir, una cosa me lleva a otra y a otra, y esas son mis construcciones. Tienes que saber ubicarte en las informaciones, tener agilidad, y una capacidad de respuesta demoledora.

Si ocurre un fenómeno, un hecho, hoy, a las 6 y 3 minutos, a las 6 y 20, tú tienes que tener una visión.

P: En eso la cultura política juega un papel importantísimo.

R: Sí, claro. Aunque tu visión te sirva solo para decir “esto es letras rojas”.

P: Sin embargo, estas son funciones tradicionales. En los periodistas se supone que siempre debió ser así.

R: No a esa velocidad, ni con la misma precisión. Un periodista clásico es una persona con una enorme audacia, muy impúdica, y muy ignorante. Suena horrible, suena devastador; voy a explicarme.

La audacia es obvia, sí. Tienes que retratar la bala cuando está todavía en la boca del cañón. Eso es el horror y la gloria del oficio.

Segundo: impúdico, porque un periodista tiene que ser un disociado. Él tiene que poder poner un micrófono al agonizante. Si en vez de eso, le da respiración boca a boca, será un gran ser humano, pero perdió la nota.

Y esa falta de pudor te tiene que servir para vivir a empujones entre los demás y ganar. Y tiene que ser un gran ignorante, y esto que suena peyorativo es al contrario, es el mayor elogio. Un periodista tiene que estar muy consciente de su ignorancia, tiene que trabajar con ella. No trabajas con el conocimiento, trabajas con la ignorancia. Se hace necesario un mapa preciso de tus lagunas, y cómo rellenarlas, en cada caso. Tener una red-conciencia, una conciencia de dónde está la red, por dónde está caminando, por dónde están las tendencias.

P: Esto es característico del ámbito de convergencia que estamos viviendo en el nuevo mundo.

R: Creo que deben borrarse las diferencias entre redactor-reportero-fotógrafo-camarógrafo-editor y diseñador. Hay una nueva estética, nuevas consideraciones. ¿Altas resoluciones o rápidas transmisiones?

P: Estamos viendo ahora virtuosos de la fotografía y de la cámara, utilizando la estética del YouTube, para poder hacer producciones artísticas. Los planos ya no son estos cerrados de la cámara, no. El uso de tipos de cortes nerviosos que se hacen en YouTube, la desfiguración de los entornos. Cosas maravillosas.

R: Hay una estética ya derivada de eso, de las bajas resoluciones. Aunque ya esté llegando la alta resolución  a  Internet, se quedó el sello de la impronta de la baja resolución como un valor. Videos de 320 x 200 puntos.

P: La maravilla de los flash mob.

R: Exacto. Conciencia de red, oportunidad, precisión.

P: Hablamos de un nuevo profesional, pero estamos también hablando de una nueva redacción; es otra gestión. Nos gustaría mucho que explicara el modelo de gestión. Sería interesante hablar también de la propiedad, el concepto propiedad en La Jornada. ¿Por qué logran la independencia y no los han absorbido, como ha pasado con toda la prensa? El hecho de que sean una especie de isla.

R: El fondo de esto es no es más que la conceptualización de la información como una relación social. Una forma de relación social con sus propias lógicas. Es decir, informado e informarse, o informador, no tiene nada que ver con producto mercantil, ni con la relación profesor-alumno.

P: Con representación, mas la gente no quiere ser representada, quiere decir las cosas.

R: Cuando tú informas estás estableciendo una relación singular y particular con tu informado. Si partes de esa base, donde la información es una forma de relación social, como el trabajo, lo que tienes es que darle otras relaciones sociales que también se manifiestan en el oficio, en el medio, etc. Se subordina el mensaje, y no al revés.

Hoy día ocurre que las relaciones se subordinan a otras de carácter mercantil, esa es la base de la distorsión. Es decir, tú no te diriges a tu mercado, tú te diriges a tu público, y es fundamental saber discernirlo.

P: Ya no es una relación un poco direccional, tiene una lógica circular.

R: También, es decir, hay una retroalimentación, en la que tú tienes que considerar que los informados, la opinión pública vota. Vota y te deja de leer, te deja de abrir, te deja de comprar, te deja de ver y te deja de escuchar.

O no, no vota, porque está sometida por un poder monopólico y hegemónico. Pero nuestra aspiración es el poder monopólico, y cuando lo rompamos, la gente va a votar, y puede votar en nuestra contra: “No, ya no me sirves, ya me hiciste la transición, gracias”. Tienes que competir, no en términos comerciales, sino una competencia por los decorados.

P: ¿Cuál es tu percepción de la relación de los llamados nativos digitales con los “antiguos medios”? ¿Qué está pasando, por ejemplo, con La Jornada y los jóvenes lectores? Los jóvenes no quieren leer los viejos periódicos.

R: Hay un renacimiento de la relación. La Jornada nace, espiritualmente, estrechamente emparentada con los jóvenes universitarios. Son los profesores escribiendo en el periódico, hay cosas que les inquietan. La Jornada empieza a crear temas, empieza a crear el tema de las minorías…

P: ¿Cuántas visitas diarias tiene ahora La Jornada?

R: Un millón.




Articulo original en:
https://lapupilainsomne.wordpress.com/2013/09/19/pedro-miguel-periodismo-y-tecnologia-parte-ii-el-nuevo-profesional/

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