La noche de Tlatelolco: Testimonios de historia oral es una crónica de la periodista mexicana Elena Poniatowska basada en la matanza estudiantil sucedida durante el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, también conocida como Conjunto Habitacional de Tlatelolco, en Ciudad de México.
Poniatowska recopiló una serie de testimonios que recogen el pensamiento y sentimiento de personas a favor y contra el movimiento estudiantil. La segunda parte del libro se trata de la noche del masacre y los sentimientos de los estudiantes, víctimas y familia. Los testimonios empezaron a recogerse en octubre y noviembre de 1968 y continuaron hasta 2 años después y el libro se publicó en 1971. Adicionalmente, la obra debió ser corregida por la autora tras decisión judicial a solicitud de Luis González de Alba, en cuyo libro Los días y los años se inspiró Poniatowska.
Revueltas fue uno de los pocos intelectuales a quienes el Movimiento Estudiantil de 1968 no tomó por sorpresa. Se le puede ver, desde la primera hora, en la misma trinchera en la que se mantuvo toda su vida, no sólo como un escritor comprometido y solidario –que siempre lo fue– sino como un militante más. En México 68: Juventud y Revolución se recogen todos los textos escritos por Revueltas –la mayor parte de ellos inéditos– durante los meses del movimiento y, más tarde, en la prisión de Lecumberri. Se trata de materiales de distinto orden, elaborados en las más diversas (y a veces inconcebibles) situaciones: reflexiones críticas en torno a la autogestión universitaria; apuntes, notas y comentarios políticos, cartas, documentos y notas personales que, en rigor, son un diario del movimiento. En ellos el lector hallará, sin duda, un fresco vivo, sugerente y lúcido de los sucesos.
Texto ideal para comenzar la Formación Política que se recomienda se aborde en cada comité de base.
Estas veinte tesis de política van dirigidas primeramente a los jóvenes, a los que deben comprender que el noble oficio de la política es una tarea patriótica, comunitaria, apasionante. Es verdad que la actividad política se ha corrompido en gran medida, en particular entre los países poscoloniales, porque nuestras élites políticas desde hace 500 años han gobernado para cumplir con los intereses de la metrópolis en turno (España, Portugal, Francia, Inglaterra y hoy Estados Unidos). Considerar a los de abajo, a la comunidad política nacional, al pueblo de los pobres, oprimidos y excluidos, es tarea que cuenta con poca prensa y prestigio. Por ello, ante la reciente experiencia latinoamericana de una cierta “Primavera política” que se viene dando desde el nacimiento de muchos nuevos movimientos sociales, debemos comenzar a crear una nueva teoría, una interpretación coherente con la profunda transformación que nuestros pueblos están viviendo.
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La obra de Enrique Dussel, 20 tesis de política (2006), adquiere relevancia en un tiempo donde el concepto político carece de sentido para la sociedad por la dominación que evoca la palabra. Asimismo, muestra validez para la juventud que se inicia en la compresión de lo político, al no estar exentos de su influencia y ser el baluarte rebelde que podrá transformarlo hacia una concepción diferente para el siglo XXI. Precisamente éste es el sentir de nuestro autor al dedicar su libro, primeramente a los jóvenes, quienes con su participación política, están impelidos a entender el noble oficio político. Si bien la obra es una introducción a desarrollos posteriores (Dussel, 2007; 2009), y correlación a tesis económicas (Dussel, 2014), su contribución teórica es importante para los principiantes en filosofía política y economía.
Dussel advierte al comienzo que la comprensión de lo político implica el análisis e interpretación de las 20 tesis y no reducir su definición a una de ellas. La primera parte del libro versa sobre el orden vigente y la segunda sobre su transformación crítica para la creación de un nuevo orden.
La exposición inicia con la definición de la corrupción originaria, como creencia de que el sujeto o la institución son la fuente creadora del poder. Dussel corrige esta postura y resalta que la política tiene como referencia primera y última el poder de la comunidad política. Al estar corrompido lo político, el delegado del poder cree que puede decidir por su voluntad, intereses, clase o élite. Es una doble corrupción por quien lo hace (el delegado) y por quien lo permite (la comunidad política).
Todo este dinamismo converge sobre el campo político, que contiene diversos sistemas políticos. Un sujeto se desenvuelve en varios campos (político, económico, cultural) pero generalmente en sistemas específicos. La concepción de los campos y los sistemas es imposible sin la existencia de los sujetos, por tanto, la determinación del campo político se da por éstos, quienes actúan sobre él de forma recursiva, es decir, no lineal en tanto seres intersubjetivos. Así, el campo político es público por la interacción humana y lo que se “protege de la mirada” ha de considerarse privado. De esta manera lo político es el concepto y la política es el acto de lo político.
La política está fundada en el modo de querer-vivir de los seres humanos, que representa una voluntad-de-vida. Esta voluntad deriva en dos concepciones de poder: a) negativa como dominación y b) positiva como obediencial. En su forma positiva, el poder es posibilidad para la sobrevivencia, donde su finalidad material es la producción, reproducción y aumento de la vida en comunidad como voluntad humana. Del querer-vivir, pueden generarse voluntades privadas que no abonan a este querer. La importancia de éstas no puede definirse por imposición sino en la asamblea y el debate para arribar a consensos. La expresión única de voluntad es negación de la voluntad del otro y hace a la política despótica. La contraparte estriba en la solidez del consenso con la participación de todos, en tanto reivindicaciones comunes. Sólo así se evita la congelación de su dinamismo. Por ende, el poder siempre lo tiene la comunidad política y la expresión “tomar el poder” sería negar su fundamento: la voluntad de la comunidad. Decir “tomar el poder del Estado” representa una visión corrompida a priori porque se observa en él la fuente del poder. Es cierto que los mecanismos actuales del Estado son corruptos (control, represión, etc.) pero la idea aquí es reconfigurar el concepto de lo político y su acción.
Al poder de la comunidad política Dussel lo denomina potentia, como el punto de partida y la convergencia de las voluntades. No obstante, sin su institucionalización, la potentia sólo es posibilidad de poder. La objetivación del poder se denomina potestas, como la organización institucional de su ejercicio y posibilidad de tomar un rumbo humilde o corrompido. La potentia se delega a un representante que lo objetiva en la potestas y deberá actuar en nombre de la comunidad, de la humanidad. De esta manera, la potestas funge como la mediación entre la voluntad de vida y la realización de esa voluntad. Si la potestas no se regenera, el ejercicio del poder se fetichiza, pero si lo hace es vocación del representante.
Con la vocación del delegado del poder, del que ha sido llamado, la política se torna obediencial. En la modernidad, el representante corre el riesgo de absolutizarse y alimentar su poder económico por las exigencias que plantea el capitalismo en su ideología de acumulación y consumo. Esta concepción es la política como profesión, porque la actuación se plantea para la voluntad propia y no de la comunidad. Cuando la política es vocación, el delegado actúa en función de las necesidades de vida, es autoridad pero no despótica sino para favorecer a todos. Esta vocación implica saber “escuchar al que se tiene adelante” para gobernar desde el otro. He aquí la pretensión política de justicia como la intención honesta del político, misma que se hace patente en la institución (potestas).
El fetichismo del poder es la idolatría, es hacer los dioses a los que se adora y dominan a sí. La fetichización es la absolutización: la voluntad del representante como el fundamento de la razón política. Existe una desconexión entre la potentia y la potestas, entre la comunidad y el delegado. Cuando el representante se afirma como el origen del poder, la política se vuelve dominadora. Esto constituye una gobernanza desde fuera de la comunidad, vertical, tiránica, que lástima a los más, a los débiles, a los pobres. Para mantener el poder fetichizado, las instituciones vigentes emplean mecanismos coercitivos que impiden la organización y el reconocimiento de la potentia como referencia primera y última. El poder también se corrompe cuando se velan intereses de grupo, de tal manera que no se escuchan las voluntades de los sectores populares.
Para esquivar tales dificultades, la acción política requiere de la estrategia porque es dirigida a otros sujetos, quienes, por las ambigüedades humanas, apoyan o resisten. El uso de la estrategia se enmarca en un horizonte de fraternidad universal, que pueda devenir en la paz perpetua. Esta acción se tamiza hegemónica –que desde Dussel adquiere un sentido positivo– si unifica las propuestas de todos los sectores, además de que el delegado del poder adquiere acompañamiento y motivación recíproca. Se da entonces la conformación del bloque histórico en el poder, en tanto es unidad contingente, coyuntural y se encuentra en el lugar de la potestas (institucionalizado). Un bloque histórico que desde el ejercicio del poder satisface a la comunidad política. Esto lleva a enfatizar en la necesidad de las instituciones como realización de voluntades, teniendo en claro que en el devenir requerirán transformación, cambios o su desaparición. Si la finalidad de la política es la preservación y la expansión de la vida, no sorprendería que las instituciones den preeminencia a una institución ecológica. Asimismo, la política habrá de determinar el campo económico en sus diferentes sistemas.
Un concepto crítico de democracia reconoce que es perpetuamente inacabada. Al ser así, el delegado y la comunidad política, habrán de promover el cumplimiento de la ley –normativamente generada por ellos mismos– para evidenciar cuáles puntos deben cambiarse en su infinitud. Es decir, las instituciones y las leyes hacen posible (factible) la organización y las reivindicaciones de la potentia. Son la mediación milenaria, pese a sus vicisitudes, que dan factibilidad a la voluntad de vida.
La realización política de la vida es una ética, en tanto posee principios normativos universales. La ética no tiene un campo propio sino que es un campo práctico concreto, es subsumida en cada campo por el criterio principal de la producción, reproducción y expansión de la vida. Esto lleva a considerar principios políticos internos y constitutivos de la potentia y la potestas, que las regeneran desde dentro. Dussel plantea que están implícitos en el acto, pero ante la fetichización concierne explicitarlos. Son tres los principios esenciales: 1) principio material referido a la vida de los ciudadanos, 2) principio formal que determina el deber actuar bajo los procedimientos de legitimidad democrática, y 3) principio de factibilidad que opera sobre lo posible. El principio material tiene como contenido de la política a la vida humana, es crear las pautas para una vida cualitativamente mejor. Este principio, sin duda, se instala en el presente pero piensa, sobre todo, en las generaciones futuras; de nada serviría mantener la vida en el ahora, mientras la humanidad contaría los días para fenecer.
En el principio formal se problematiza la democracia como la mediación para institucionalizar acciones legítimas. Si la democracia es participación simétrica, el delegado del poder en la potestas asume las demandas emanadas del consenso, mismo que es inacabado, imperfecto pero sí corregible. La cuestión aquí es ¿qué hacer cuando la comunidad política rechaza una decisión? Normativamente habría que corregir desde los principios políticos, mínimamente el material. Es entendible que la complejidad humana y la incertidumbre de las decisiones hagan de la política un continuum perfectible, pero mantener los errores durante tiempos prolongados genera efectos negativos que sufren las víctimas políticas; la ineficacia política es proporcional a la existencia de las víctimas.
La intolerancia de las víctimas al sufrimiento es la semilla para la creación de movimientos sociales que reivindican la negación de sus necesidades, particulares en sí mismas pero legítimas todas. Cuando estos movimientos se generan en pequeños grupos y de forma aislada no hay superación del orden vigente. La clave estriba en la conformación de una reivindicación hegemónica universal que produzca desde la razón dialógica la construcción de un hegemón analógico, en donde converjan las necesidades de las víctimas. El hegemón no es excluyente sino incluyente, bajo la constitución de un bloque que emerge desde abajo. En este sentido, la categoría de análisis ya no es clase –en tanto categoría económica–, sino pueblo como la intensa inclusión del nosotros. Pueblo es la gran masa irredenta ansiosa de transformaciones –en el sentido de la tesis XI de Marx–, es el bloque que representa una fractura de la comunidad política, porque se opone a las oligarquías y los dirigentes dominadores. La plebs es una parte de la comunidad, sin embargo engloba a todos los ciudadanos hacia un nuevo orden que representa esperanza y solidaridad en la potentia. Es actor colectivo y no sujeto histórico, en cuanto ha conformado el bloque –en terminología gramsciana– emergente de los oprimidos y los excluidos, que dará paso al bloque histórico en el poder, desde abajo. De lo que se deduce, que el populismo, tan criticado por la derecha y el anarquismo, no es más que la voluntad de vida del pueblo.
Precisamente esta voluntad será el vital líquido que alimente la creación de una nueva comunidad política. Su creación se identifica históricamente en los momentos coyunturales críticos –como sucede en Nuestramérica–, para fracturar la totalidad vigente. La totalización totalitaria es la exclusión del Otro, que se instala en la exterioridad de la totalidad. Desde fuera, son la nada, los ignorados, los invisibles al orden vigente, a la oligarquía, a los dirigentes dominadores. Pero con la voluntad de que el Otro viva, el pueblo adquiere la conscientização freiriana, comprendiendo su realidad, desde la razón dialógica, formando consenso crítico en contra del consenso dominante, como crisis de legitimidad. La concientización se torna para-sí y deviene en conciencia de ser pueblo. En el ser pueblo se encuentran tres determinaciones de su poder (potentia): a) voluntad de vida, b) consenso crítico, c) factibilidad de liberación. En suma, las tres determinaciones constituyen la hiperpotentia como el poder de los oprimidos y excluidos que se encuentran en estado de rebelión. De la imperfección del sistema político nace la hiperpotentia, misma de la que un delegado puede emerger. Al surgir de ahí, el representante puede tener vocación y a través de ésta podrá negar el orden vigente, como negación de los que son negados, los oprimidos y excluidos. Éstos son el punto de referencia para el progreso político.
Con los principios políticos anteriormente descritos, se reconoce la esencia política, pero en momentos de crisis, Dussel plantea principios políticos críticos como negación y superación de todo sistema político, en tanto existen víctimas. En ellos están contenidos los principios material, formal y de factibilidad, pero desde la perspectiva crítica que hace insostenible al sistema. Ya no basta con acrecentar la vida de unos cuantos sino de todos, y a lo que agrega el autor, bajo un principio ecológico que preserve la vida perpetua, principio económico que reproduzca la vida y no el capital, y un principio cultural que afirme y defienda el multiculturalismo.
Con el principio de democracia liberadora, en cuanto formal, el consenso y la participación de los oprimidos y excluidos, se da en condiciones simétricas. No se trata de incluir al otro en la totalidad vigente (el sistema dominador), sino de transformar el orden político, sin dejar de lado el bucle recursivo que constituye lo político, porque de lo contrario, el bloque de la exterioridad pronto podría fetichizarse. Si el bloque histórico institucionaliza su poder, el político de vocación no puede perder de vista el principio democrático crítico, para así concretar un proyecto posible que reivindique al nosotros. Pese a ello, el delegado no puede ser perfectamente justo –por su condición humana–, pero sí honestamente justo; tendrá pretensión política de justicia, como el resultado de la correlación de los tres principios políticos críticos.
La hiperpotentia, como praxis de liberación, enfrenta, desde la voluntad de vida, la muerte, la injusticia y la corrupción. Su praxis crítico-práctica se fortalece a través del consenso crítico, la intersubjetividad, la coherencia y la paciencia hacia el nuevo orden, que cuando se concreta, deviene en potestas 2. Es decir, existe un momento negativo de lucha –la hiperpotentia que engloba a la potentia– para transformar el poder institucionalizado –potestas 1, el orden vigente– como momento positivo de construcción hacia el nuevo orden político –potestas 2–. En la objetivación del nuevo orden, el liderazgo podrá proponer transformaciones desde su visión crítica, pero será el pueblo quien las construya si encuentra en ellas el principio material –afirmación de la vida– y consenso. La construcción de las posibilidades de acción del pueblo requerirá organización y para hacerlo, habrá que vivir la democracia. Esta podría ser la función de los partidos políticos, evitando su operación actual de maquinaria electoral que sólo presenta candidatos e insta a votar. Con la democracia en el seno del partido, la delegación del poder se erige desde abajo, porque cada miembro discute, construye y propone utopías.
Aun si en el partido no hubiese los espacios de análisis, la historia demuestra que la praxis de liberación nutre la concientización. Si la hegemonía en el poder, que pudo ser bloque histórico, se encuentra fetichizada, existe dominación. De ahí que la represión a la hiperpotentia sea latente, porque así lo establece el orden vigente, pero habrá de cambiar con la transformación –potestas 2. Entonces, si se instaura el nuevo orden, ya no será solamente poder desde abajo, sino que habrá poder abajo, porque la referencia de la potentia habrá destruido la fetichización y el hegemón analógico podrá pensar en un mundo donde quepan todos los mundos.
Con el nuevo orden, el político tendrá que observar críticamente la validez de las y sus propias instituciones. No se trata de reformismo ni de revolución, Dussel prefiere decir transformación –naturalmente por la madurez de su pensamiento–, en tanto el principio de factibilidad, además de estar fundada en la hiperpotentia, demandando innovación para la reivindicación de la vida desde el nuevo orden. Esta transformación, como la mejor vía para la humanidad, se centra en postulados políticos que sirven para orientar la acción.
Uno de estos postulados versa en la esfera ecológica, al sugerir el uso de recursos renovables, el empleo de la tecnología para el cuidado del ambiente y no la lógica de ganancia, además de privilegiar el reciclaje. Esto redundaría la veneración de la vida en abstracto, poniendo a la política como el campo inmanente que intervendría en la economía. Así, los movimientos sociales y el pueblo en general definirían la intervención política, al recuperar las cosmogonías de la voluntad de vida. Con esta interposición, el tiempo libre abriría paso a la cultura y no a la ociosidad; el genocidio cultural de la modernidad podría superarse porque la cultura tendría como fundamento la solidaridad –el nosotros, el todos– por sobre la fraternidad –sólo unos cuantos amigos o enemigos, que en función del delegado asumen una determinación u otra. Asimismo, la igualdad de la Revolución burguesa se sobrepone a la alteridad como la responsabilidad por el oprimido y excluido.
Con estas categorías se pondría en cuestión el sistema de derecho porque la apariencia de su estado natural se vendría abajo. Esta solución eurocéntrica de naturaleza no es sostenible, porque históricamente los nuevos derechos se han reconocido después de la rebelión y la lucha del pueblo, es decir, por concientización. Serían concebidos a un proceso de articulación entre la democracia representativa y participativa, con la elección y conformación de los poderes judicial, legislativo y ejecutivo, a través de un poder ciudadano que analice la institucionalización del poder de arriba abajo. Esta lógica plantea repensar la participación del pueblo, para superar la determinación que suponen los medios de comunicación, además de su alienación; sería el establecimiento de derechos críticos a la información veraz.
Ante la disolución del Estado, Dussel plantea su transformación e institucionalización –potestas 2– desde el poder obediencial. Las instituciones opacas desaparecerían y el Estado constituiría todos nosotros, buscando los mecanismos, tal vez electrónicos, para promover la participación simétrica. Además habría cuerpos ciudadanos que revisarían el papel desempeñado por la representatividad. Los sistemas políticos tomarían formas inusitadas, como el Estado provincial, complejizando su dinámica pero imprimiendo legitimidad. Si la pretensión de justicia se halla presente en todo político, la vocación contribuirá a la conformación del nuevo orden. La solidaridad y la alteridad llevarán a la liberación de la Patria Grande, por la urgencia que vive, y de la humanidad, por el futuro que necesita construir.
Fuentes
Dussel, E. (2006). 20 tesis de política. México, D.F.: CREFAL/Siglo XXI.
Dussel, E. (2007). Política de la Liberación. Historia mundial y crítica (Vol. I). Madrid: Trotta.
Dussel, E. (2009). Política de la Liberación. La arquitectónica (Vol. II). Madrid: Trotta.
Dussel, E. (2014). 16 tesis de economía política. México, D.F.: Siglo XXI.
*Hacia un nuevo concepto de lo político. Las 20 tesis de política de Enrique Dussel
Por Juan Fernando Álvarez Gaytán
Licenciado en Educación Primaria. Maestro en Docencia Transdisciplinaria. México.
Abril en Managua' es un álbum recopilatorio de grabaciones musicales realizadas en vivo y en directo durante el Concierto por la Paz en Centroamérica realizado en 1983 en la Plaza de la Revolución de la ciudad de Managua, capital de Nicaragua, en el que participaron importantes trovadores latinoamericanos, como Amparo Ochoa, Gabino Palomares, los hermanos Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy, Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa, Daniel Viglietti y Alí Primera, entre otros.
Lista de canciones del Disco
01. Luis Enrique Mejía Godoy - Yo soy de un pueblo sencillo
02. Gabino Palomares & Amparo Ochoa - La maldición de Malinche
03. Luis Rico - El Salvador
04. Amparo Ochoa - Para amar en tiempos de guerra
05. Amparo Ochoa - ¿Quién tiene la voz?
06. Alí Primera - El sombrero azul
07. Chico Buarque - O que será
08. Silverio Pérez & Quinteto Puertorriqueño - Canción del pueblo
09. Silverio Pérez & Quinteto Puertorriqueño - Que bonita bandera
10. Daniel Viglietti - Declaración de amor a Nicaragua
11. Daniel Viglietti - Canción para mi América
12. Adrián Goizueta & Grupo Experimental - Eugenia
13. Silvio Rodríguez - El dulce abismo
14. Silvio & Manguaré - Canción urgente para Nicaragua
15. Carlos Mejía Godoy & Los de Palacagüina - Nicaragua Nicaragüita
16. Carlos Mejía Godoy & Los de Palacagüina - El nacimiento
17. Carlos Mejía Godoy & Los de Palacagüina - No pasarán
La desobediencia civil es el título de una conferencia escrita por Henry David Thoreau que se publicó en 1848. En este escrito Thoreau explica los principios básicos de la desobediencia civil que él mismo puso en práctica: en el verano de 1846 se negó a pagar sus impuestos por lo que fue detenido y encerrado en la prisión de Concord. Él se justificó explicando que se negaba a colaborar con un Estado que mantenía el régimen de esclavitud y emprendía guerras injustificadas, en aquel caso concreto contra México.
La obra critica la autoridad del Estado. Su repercusión fue muy grande, llegando a ser el libro de cabecera de Gandhi en su campaña de resistencia contra la ocupación británica de la India. También influyó en Martin Luther King y en su lucha no violenta en defensa de la no discriminación de la población negra en EE. UU. Ha promovido y sigue inspirando movimientos como la objeción fiscal, la objeción de conciencia contra el militarismo o violencias más o menos solapadas, movimientos ciudadanos y luchas ante lo que determinado grupo o persona considera abusivo. En adición, múltiples investigadores reconocidos internacionalmente han trabajado en directo con las ideas y acciones tomadas por el autor y su ensayo. De tal manera, la cita que revoluciona el principio social es la idea de ser individuos primeros y luego pasar a ser ciudadanos. Por lo tanto, al proponer una iniciativa tan radical, la entidad llamada sociedad peligra su equilibrio y su funcionamiento como fuerza de control.
Rebelión en la granja (en inglés, Animal Farm) es una novela satírica del escritor británico George Orwell. Publicada en 1945, la obra es una fábula mordaz sobre cómo el régimen soviético de Iósif Stalin corrompe el socialismo. En la ficción de la novela un grupo de animales de una granja expulsa a los humanos tiranos y crea un sistema de gobierno propio que acaba convirtiéndose en otra tiranía brutal. Orwell, un socialista democrático y durante muchos años un miembro del Partido Laborista Independiente, fue un crítico de Stalin. La novela fue escrita durante la Segunda Guerra Mundial y, aunque publicada en 1945, no comenzó a ser conocida por el público hasta finales de los años 1950.
Además, la obra constituye un análisis de la corrupción que puede surgir tras toda adquisición de poder, en cualquier nivel. Así, el texto posee un posible doble nivel de interpretación, por lo que su mensaje puede trascender el caso particular del régimen soviético y ser captado incluso por niños que ni siquiera conocen la historia de la Unión Soviética. Por esta razón el libro ha sido utilizado a menudo como herramienta educativa incluso en los primeros años de la escolaridad de algunos países. Está considerada una de las más demoledoras fábulas acerca de la condición humana.
Lejos de la intención de Orwell, que pretendía con esta alegoría, al igual que con su siguiente novela, 1984, publicada en 1949, denunciar a los totalitarismos nazi y soviético,1 el libro fue utilizado, sobre todo en los Estados Unidos, como propaganda en contra del comunismo en general.
Argumento
Los animales de la Granja Señorial, alentados un día por el Viejo Mayor, un cerdo que antes de morir les explicó a todos sus ideas, llevan a cabo una revolución en la que consiguen expulsar al granjero Howard Jones y crear sus propias reglas (los Siete Mandamientos), que escriben en una pared:
1-Todo lo que camina sobre dos pies es un enemigo.
2-Todo lo que camina sobre cuatro patas, o tenga alas, es amigo.
3-Ningún animal usará ropa.
4-Ningún animal dormirá en una cama.
5-Ningún animal beberá alcohol.
6-Ningún animal matará a otro animal.
7-Todos los animales son iguales
Al principio, la granja, (que pasa a llamarse Granja Animal) es más próspera incluso que cuando el señor Jones la administraba. Los cerdos se erigen como líderes por su inteligencia. Dos de ellos, Snowball y Napoleón, los máximos dirigentes, empiezan a tener discrepancias que acaban cuando Napoleón lanza a los perros contra Snowball y este huye de la granja.
A partir de ese momento Napoleón se erige como único líder. Los cerdos se constituyen como una élite dentro de la Granja, y los demás animales se mantienen bajo la dictadura de Napoleón, amenazados por los perros de éste. Poco a poco los cerdos adoptan los defectos propios del hombre, que en su día sustentaron la revolución. A lo largo de la novela, se efectúan ciertos cambios en los Siete Mandamientos que legitiman las acciones de Napoleón y los cerdos:
Ningún animal dormirá en una cama con sábanas
Ningún animal beberá alcohol en exceso
Ningún animal matará a otro animal sin motivo
Sucesivamente, todos los Siete Mandamientos van desapareciendo por orden de Napoleón, y con la complicidad de los demás cerdos.
Finalmente, los cerdos modifican también sus conductas, empiezan a usar las ropas abandonadas por el señor Jones y aprenden a caminar solo sobre sus patas traseras (modificando para ello el primero de los Siete Mandamientos). Después de que un ataque llevado a cabo por los humanos fuese repelido por los perros, los granjeros de los campos vecinos deciden mantener relaciones amistosas con los animales de la Granja Manor, felicitando a Napoleón por el éxito económico de la granja: los animales dirigidos por Napoleón trabajan en larguísimas jornadas, alcanzan elevados niveles de productividad, se contentan con raciones minúsculas de comida, y jamás se quejan ante los cerdos. Halagado, Napoleón y los cerdos invitan a los humanos a almorzar en la granja Manor; los animales de allí, sorprendidos, advierten que sus compañeros cerdos han copiado totalmente la conducta y aspecto de los humanos.
Al final de la novela, la dictadura de Napoleón y sus seguidores se consagra de modo absoluto cuando los animales preguntan al burro Benjamín (uno de los pocos que sabe leer) sobre cuál es el único mandamiento que queda escrito. Este es el séptimo, convenientemente modificado por los cerdos:
Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros.
Significado
Orwell satiriza el régimen zarista, con el señor Jones y la monarquía asimilados con los humanos, y posteriormente ironiza la revolución rusa hasta el periodo del estalinismo.
— El cerdo Mayor (Manor), representa en parte a Lenin pues él se pregunta sobre la situación de su país, crea una doctrina propia y además es el ideólogo de la revolución, él es el idealista; también apunta hacia Karl Marx al ser el impulsor de la filosofía anti-capitalista (anti-humana, alegóricamente) y por fallecer antes de que ocurriese la rebelión.
— El señor Jones sería el zar Nicolás II de Rusia, aunque su figura es más amplia y abarque a toda la realeza, la nobleza y la burguesía, que fueron las clases derrocadas por la Revolución Rusa.
— El cerdo Napoleón, con las medidas de administración apropiadas de Snowball para estimular la producción de la granja y con la política de restricción de libertades, representa a Iósif Stalin. Otro punto que refuerza esta teoría, es el hecho de que Napoleón ordenase el exilio de Bola de Nieve (Trotsky). En la primera edición francesa se nombró a este cerdo como "Julio César".
— El cerdo Snowball (Bola de Nieve) sería Lev Trotsky, líder militar que posteriormente huye de la granja al ser perseguido por los perros de Napoleón. Una vez establecido el poder de Napoleón, su sola mención constituye un delito grave y todo animal que se considere peligroso será ejecutado bajo la acusación de ser seguidor de Bola de Nieve.
— El cerdo Squealer (Chillón) es el intermediario de Napoleón ante los demás animales de la granja. Su habilidad retórica y su hipocresía le permiten convencer al resto de la granja de la conveniencia de cualquier decisión tomada por Napoleón. Posiblemente represente al aparato de propaganda de la URSS: el periódico Pravda, o a Viacheslav Mólotov (ferviente partidario de Stalin).
— Bóxer (Boxeador o Campeón), el caballo, siempre convencido de trabajar más y traicionado por Napoleón a pesar de ello, representaría al proletariado. Su lema "Trabajaré más duro" y los constantes elogios que recibe de los cerdos por su denodado esfuerzo y su sumisión sean probablemente una referencia al minero Alekséi Stajánov.
— Las ovejas y las gallinas, analfabetas y acríticas con el régimen, personifican al campesinado, o bien, a los "fanáticos" de un líder. Para ellos y los animales menos inteligentes se ingeniaron consignas sencillas, como "Cuatro patas sí, dos pies no", que solían repetir todo el día.
— El cuervo Moses (Moisés) representa a la Iglesia ortodoxa, pues habla del cielo de los animales y recibe trato favorable de los humanos ya que cumple una labor de apaciguamiento al servicio del señor Jones. Más adelante, los cerdos toleran su presencia. Las relaciones entre el cuervo y la granja representan la afinidad entre el clericato ruso y los distintos gobiernos de Rusia, primero bajo los zares, y luego bajo el estalinismo.
— El burro Benjamín es el intelectual que especula.
— Los perros representan la policía secreta stalinista, la NKVD. La nueva generación de perros es educada por Napoleón desde cachorros. Son los encargados de expulsar violentamente a Snowball de la granja, y cumplen también la función de guardia personal y de verdugo para los animales que "traicionan" a la granja en nombre de Snowball.
— El Señor Fedrerick, que durante la fábula pretende una alianza con el cerdo Napoléon, representa a Adolf Hitler, quien firmó un pacto de no agresión con el régimen estalinista de la URSS.
— La yegua Mollie, que apenas se interesa por la revolución animal y aún menos por trabajar, representa a las clases nobles zaristas que ven en la nueva política comunal el fin de sus privilegios. Prueba de ello la tenemos cuando Mollie, una vez que descubren que ha confraternizado con un mozo de una granja vecina, abandona la granja para servir de nuevo a los humanos.
— El señor Pilkington se puede identificar con Winston Churchill. Al final de la historia se muestra su "alianza" con Napoleón, reuniendo a humanos y cerdos en una partida de naipes. La partida termina con una fuerte discusión, dado que Napoleón y Pilkington destapan un as de espadas simultáneamente (señal inequívova de que alguien está haciendo trampas). Este hecho evoca la inestabilidad de la supuesta alianza entre la URSS e Inglaterra.
Orwell también muestra de una manera muy cruda la relación entre animales y seres humanos, dándole a los primeros una personalidad y poniéndolos al mismo nivel intelectual y racional que el hombre, para así representar la brutalidad que sufren en la Granja.
Rebelión en la granja como alegoría
El término alegoría se refiere a una ficción que representa otra situación, una idea o conjunto de ideas abstractas que aparecen a través de otra forma u otro sentido. Este término se encuentra íntimamente ligado al concepto de metáfora. De esta forma, Rebelión en la granja se muestra como una alegoría a partir de personajes animales que van cambiando su forma de ser, y que representan a los humanos y sus cambios con respecto al poder. Alrededor del tema del poder (poderosos y oprimidos) van cambiando sus ideales comunes y puros por ideas individualistas y tiránicas. Una alusión clara del poder y su influencia en los seres humanos.
Las películas
La película de dibujos animados Rebelión en la granja, dirigida por Joy Batchelor y John Halas (1954), aunque fiel al relato original del libro, cambia el final. La película termina en una rebelión en contra de los cerdos -y principalmente en contra de Napoleón- por parte de todos los demás animales, A pesar de eso, en una imagen particularmente especial se ve la rebelión comandada por el burro Benjamín, por lo que se puede deducir que lo mismo que ocurrió con los cerdos ocurrirá con cualquier otro animal mientras alguna raza en particular gobierne.
La otra película con el mismo título, de 1999, dirigida por John Stephenson utilizó animales reales. En esta, el final también es diferente al del libro, y evidentemente está influido por el derrumbe de la URSS. Se puede ver la decadencia del régimen porcino, y el regreso del hombre a la granja.
En la radio
La BBC emitió en el año de 1974 un especial de radio producida por Rayner Heppenstall3 y fue escuchado por el mismo Orwell en su casa de Canonbury Square, en Londres que quedo totalmente impactado e impresionado por la dramatización que le pusieron a la narración y el ambiente. Por desgracia la grabación original se deterioro por el tiempo y no existe otra copia
En enero el año de 2013, se emitió una vez más el drama de forma remasterizada usando la misma dramatización que se uso en la emisión de los 70's, este fue transmitido por BBC Radio 4 y esta compuesto por actores completamente nuevos para el espectáculo, como a Tamnsin Greig como la narradora de la historia, Nicky Henson como Napoleon, Toby Jones como Squealer y Ralph Inseson como Bóxer.
Cómics
Poco después del estreno de Farm Animal (1954), Norman Pett y su compañero de escritura Don Freeman (Los principales artistas de la película animada) fueron contratados por el Ministerio Británico de Asuntos Exteriores para adaptar una vez mas obra de Orwell en un cómic. Este cómic no fue publicado en el Inglaterra, pero se publicó en los periódicos brasileños y birmanos.5
Videojuego
En agosto del año pasado 2017 se anuncio que Farm Animal sería adaptado al mundo de los videojuegos, autorizada totalmente por la familia de George Orwell6, el juego sera del tipo Adventure-Tycoon y además de ser independiente esta desarrollado por veteranos programadores y animadores de las consolas de nueva generación, el equipo esta compuesto por Jessica Curry (Everybody's Gone to the Rapture), Georg Backer (Saga de Fable), Kate Saxon (Mafia II), Andy Payne y Imre Jele a diferencia de otros juegos del género Adventure-Tycoon, tu serás parte de la granja y tendrás que tomar decisiones que influirán en el futuro de la granja por tus acciones7, se espera que el juego sea para PC y dispositivos Android.8
En otras lenguas
El título original en inglés del libro es Animal Farm, pero la obra fue traducida de modo no literal a las diversas lenguas europeas. Se ajustaron al original la edición alemana: Farm der Tiere, francesa: La ferme des animaux, neerlandesa: Dierenboerderij, rumana: Ferma animalelor e italiana: La fattoria degli animali. Los traductores nórdicos se centraron en el personaje de Napoleón (danés: Kammerat Napoleon, noruego: Kamerat Napoleon; pero en sueco Djurfarmen: animal farm, en finés Eläinten vallankumous: rebelión de los animales). Por último, el libro tuvo nombres diferentes en los dos principales países de habla portuguesa; O Triunfo dos Porcos en Portugal y A Revolução dos Bichos en el Brasil. En euskera, el título es Abereen Etxaldea. En catalán ha sido traducido como La revolta dels animals y La rebel·lió dels animals. En gallego su título es A Revolta dos animais o A granxa dos animais. En aragonés, el título es Rebelión en torre animal. La traducción en español es Rebelión en la granja o Granja de los animales. También algunos nombres han sido adaptados en la versión española, mientras en otros sectores se han mantenido igual creando confusiones (por ejemplo, el caballo Bóxer es en algunas ediciones nombrado como Bóxer y en otras como Campeón).
Referencias en la cultura popular
El disco de Pink Floyd, Animals (1977), está inspirado en esta novela escrita por George Orwell, especialmente las tres canciones centrales, de más de diez minutos de duración, llamadas «Dogs», «Pigs (Three Different Ones)» y «Sheep».
El señor de las moscas (Lord of the Flies en inglés) es la primera y más célebre novela de William Golding. Publicada en 1954, se considera un clásico de la literatura inglesa de postguerra. Tuvo apenas difusión en el año de su publicación, manteniendo un volumen escaso de ventas. Años más tarde, alcanzó una gran fama en Inglaterra, considerándose imprescindible su lectura en colegios e institutos. El título alude a la maldad humana, representada por Belcebú, deidad filistea y posteriormente también perteneciente a la iconografía cristiana, que es conocido por este sobrenombre de Señor de las Moscas.
Sinopsis
Un avión que transporta estudiantes británicos, cae a tierra estrellándose contra una isla inhabitada. Los únicos supervivientes del accidente son algunos niños, quienes se ven obligados a sobrevivir habiendo fallecido todos los adultos.
Ralph y Piggy, dos de los chicos mayores, encuentran una caracola que hacen sonar para reunir al resto de los supervivientes. Desde ese momento, la caracola será utilizada como símbolo de autoridad y derecho a la palabra, además de ser empleada para convocar a todos a una asamblea cuando la situación lo requiera. Ralph es elegido democráticamente como líder del grupo, pese a que Jack, otro de los chicos más fuertes, deseaba ser el jefe. Para contentarlo, Ralph lo deja a cargo del grupo de cazadores. El líder, decide que es necesario encender una hoguera, de manera que puedan generar una señal constante de humo y así ser rescatados por algún navío que la viese. Para encender el fuego, utilizan las gafas de Piggy aprovechando los rayos del sol. Desde aquel momento, Ralph insistirá durante toda la estadía en la isla que abandonar la hoguera, sería renunciar a la idea de ser rescatados y entregarse a la vida como salvajes, razón por la cual se designan encargados de vigilar que la hoguera no se apague en ningún momento.
Con el paso del tiempo, algunos de los chicos emprenden conductas violentas e irracionales. Jack es el primero de ellos, que al no haber sido electo como jefe del grupo, siente una rivalidad y odio hacia Ralph, disfrutando al mismo tiempo de insultar a Piggy. Se queja de la importancia que le dan a la hoguera y a la caracola, mientras él y su grupo están cada vez más obsesionados con la idea de cazar un jabalí, acción que finalmente llevan a cabo.
Progresivamente, el miedo se hace más patente a medida que aumentan los rumores de una bestia que habita en la isla. Aunque ninguno de los chicos mayores cree que esto sea posible, la idea los aterra igualmente. Una noche mientras los mellizos Sam y Eric cuidan la hoguera, ven una criatura desconocida, haciéndoles correr de miedo. Los demás deciden ir a investigar armados con lanzas, dejando a los "peques" al cuidado de Piggy. El grupo liderado intermitentemente por Ralph y Jack recorre la isla durante todo el día. A medida que oscurece y la rivalidad entre ambos aumenta, la mayoría decide retirarse y volver con los otros, solamente Ralph, Jack y Roger, llegan a la montaña, donde entre penumbras, logran ver la Bestia, momento en el que salen corriendo despavoridos. Luego, cuando discuten lo sucedido, Ralph expresa que los cazadores son incapaces de luchar contra La Bestia, ya que en el fondo son solo niños armados con palos. Jack se enfurece por el comentario y convoca una asamblea. En dicha reunión, acusa a Ralph de no haberse enfrentado a la bestia, lo denuncia por llamar a sus cazadores unos inútiles y se queja porque Ralph no sabe cazar, solo dar órdenes. Animado por la situación, pregunta enérgico quien cree que Ralph debería dejar de ser el líder, sin embargo nadie levanta la mano. Humillado, abandona el grupo. Más tarde sus cazadores se reúnen con él y atrapan otro jabalí, al cual le cortan la cabeza y la dejan en una estaca como ofrenda a La Bestia.
Simón, un niño tímido que de vez en cuando ayuda a Ralph y a Piggy, catalogado de raro por los demás por sufrir desmayos frecuentes, decide adentrarse solo en el bosque, dirigiéndose hacia un claro donde logra calmar sus ataques. En el lugar encuentra la cabeza de jabalí clavada a la estaca, la que se encontraba en evidente estado de descomposición, chorreante de sangre y cubierta de moscas. Aterrorizado, Simón sufre una alucinación en la que ésta le habla y se identifica como El Señor de las Moscas, mientras se burla de él y de los demás por creer que La Bestia es una criatura que se puede cazar, asegurando que la fiera está en todos lados. cuestión que puede interpretarse como una alusión a la maldad humana. En la escena, se da a entender que Simón ya lo sabía desde antes, puesto que durante una asamblea trató de expresarle al grupo que la bestia eran ellos mismos, pero se rieron de él. Simón se desmaya y al despertar camina hasta la montaña, donde los chicos habían visto a la que creían era La Bestia. Pero con la luz del día, Simón se percata de que solo es el cadáver de un paracaidista que se levanta con el viento. A pesar de estar exhausto decide ir a contárselo a todos.
Mientras tanto, Jack y su grupo se presentan a los demás con máscaras y los cuerpos pintados como salvajes, los invitan a comer de su jabalí y a que consideren unirse a su tribu. De a poco, casi todo el grupo se va con ellos y celebran una fiesta cantando y comiendo, Ralph, Piggy y los mellizos son los últimos en llegar. Jack, a quien los demás llaman "Jefe", les pregunta quien formará parte de su tribu, lo que genera una discusión con Ralph que termina cuando empieza a llover. En aquel momento, todos comienzan una frenética danza en la que simulan cazar a un jabalí, a la mitad de ésta Simón sale arrastrándose del bosque, el grupo, confundido por la oscuridad de la noche, señala a Simón como La Bestia y en un espiral de cánticos y locura, lo golpean dándole muerte.
Al día siguiente, la división del grupo original era evidente, Sam, Eric, Piggy y algunos “peques” son los únicos que siguen del lado de Ralph, los demás se han unido a la tribu de Jack o se han esparcido por el resto de la isla. Mientras los primeros se sienten culpables, tratando de desentenderse o excusarse por la muerte de Simón y seguir alimentando la hoguera, la cual es su última esperanza, los de la tribu se engañan a sí mismos diciendo que la criatura que atacaron solo se trataba de La Bestia disfrazada. Durante esa noche el grupo de Ralph es atacado por los otros, quienes los golpean y roban las gafas de Piggy para encender su propio fuego. Ralph es derrotado debido a que Eric le confunde con uno de los atacantes y le deja fuera de juego dándole un rodillazo en los testículos.
Los chicos, sin la posibilidad de prender un nuevo fuego y con Piggy incapaz de ver, deciden ir a hablar con los otros y tratar de razonar con ellos, así que atraviesan la isla portando la caracola hasta un peñón que Jack y los demás emplean a modo de fuerte. Ralph discute con Jack quien toma a Sam y Eric como prisioneros, Piggy, enojado, alza la caracola y se hace escuchar a pesar de las burlas, tratando de ocupar la razón, pero a la mitad de su discurso, Roger deja caer una gran piedra que golpea a Piggy, haciendo pedazos la caracola y empujándolo por el acantilado, quien al caer muere. Luego atacan a Ralph con sus lanzas, que alcanza a huir y esconderse. Cuando se oscurece, Ralph se acerca al peñón y ve que Eric y Sam, pintados y con máscaras hacen guardia afuera, ellos le dicen que los torturaron y que tiene que huir, porque a la mañana planean cazarlo al igual que un jabalí.
Al día siguiente, tal y como Eric y Sam dijeron, la tribu de niños pintados comienza a perseguir a Ralph, mientras queman el bosque a su paso para hacerlo salir. Ralph, armado con una lanza pero agotado física y mentalmente encuentra un escondite, siendo descubierto por uno de los otros. Ralph corre desesperado, escapando de los cazadores y del fuego que poco a poco consume toda la isla. cuando llega a la playa, se arroja al suelo y levanta los brazos, preparado para pedir clemencia, pero se encuentra con un oficial de la marina. A los pocos segundos llegan los demás chicos quienes observan al hombre asombrados y de inmediato abandonan la intención de cazar a Ralph. El oficial declara que arribó atraído por el humo, continuando con una serie de preguntas a Ralph, quien se identifica como líder. Ante esto, Jack se adelanta, pero finalmente decide no intervenir. Ralph le informa de las muertes y explica que al principio estaba todo bien, en orden y unidos. Sin poder continuar, se le corta la voz y se echa a llorar por la muerte de sus amigos y la pérdida de la inocencia propia de la niñez, Los demás, se le unen sollozando. El oficial los observa conmovido, incómodo, vuelve la vista hacia el barco en el mar. En ese momento las caras expresivas de los niños reflejan la caída de su pequeño mundo, en el que no había consecuencias algunas por sus acciones, humanas
Personajes de la novela
Ralph: Héroe de la novela y líder electo de los náufragos. A pesar de que es el líder, siempre le pide ayuda a Piggy. Al inicio sugiere hacer una hoguera para hacer una señal y puedan rescatarlos, pero se descuida con el tiempo. Esto representa los efectos débiles de la corrupción para las acciones buenas. Ralph quiere lo mejor para todos pero se le olvida con frecuencia por lo que Piggy lo ayuda. Es demasiado educado y usa la lógica incluso en los peores momentos, como cuando se enteran de la bestia. Ralph representa la democracia, aunque finalmente todo sale en su contra y es casi asesinado por Jack hasta que los rescata el general.
Jack: Celoso del poder de Ralph, quiere que los demás hagan lo que él dice. Es muy delgado, pelirrojo, es muy arrogante, pesimista y consentido. Si bien en principio no es violento, sus actitudes van cambiando, al expresar su deseo por matar un cerdo y abandonar la hoguera. Se podría afirmar que Jack representa la dictadura y la irracionalidad. Su ansia de poder le lleva a exiliarse del grupo de Ralph y formar su propia tribu, en la que él es el jefe absoluto y gobierna como un dictador. Se vuelve muy violento y usa el argumento de la fuerza física para atraer a los chicos a que se unan a su grupo (como cuando ordena a Roger que torture a Sam y a Eric). Todo termina cuando Jack y sus salvajes se disponen a quemar la isla para matar a Ralph pero llega un oficial de la marina en el último minuto. Cuando Ralph asegura que él es el jefe, Jack vacila por un instante pero reconoce a Ralph como el jefe indirectamente. Finalmente él llora con los demás al ser rescatado.
Piggy: Formaba parte del grupo de Ralph. Es objeto de burla por su tamaño y peso corporal. Es muy gordo, usa lentes y padece asma. Nunca se sabe su verdadero nombre, pero a veces le llaman "capitán de la grasa". Representa la voz de la razón. Su identificación con la civilización se muestra cuando no descuida su aspecto a diferencia de los demás y su negación a la bestia. A pesar de ser más inteligente que Jack y Ralph es discriminado y burlado por su gordura, su asma y sus gafas. Esto empeora cuando Jack roba las gafas de Piggy y lo deja sin ver. Hace un último esfuerzo porque Jack y su grupo sean racionales y en el intento es asesinado por Roger, quien le deja caer una gran roca. Con su muerte y la destrucción de la Caracola, la racionalidad y civilización desaparecen.
Simón: Otro niño del coro. Es algo bajito, moreno, de ojos grandes y padece epilepsia. Es un niño muy amable. Disfruta la isla e incluso encuentra un lugar donde estar con los animales y plantas. Es muy tímido, pero como diría Piggy: siempre se puede contar con él. Es tildado de raro, pero encuentra apoyo en Ralph a quien considera su único amigo. Es quien descubre al Señor de las Moscas, una cabeza de cerdo dejada por los cazadores, que lo amenaza durante una alucinación y le dice que la verdadera bestia no se puede cazar ni matar, dando a entender que se refería a la maldad humana, cosa que Simón ya sabía y había tratado de plantear. Después, descubre que la criatura que pensaban era la bestia es un cadáver de un paracaidista. Desesperado va a decírselo a los demás pero es confundido con la bestia y asesinado horriblemente. A pesar de todo, se revela que él sabía que moriría. Se ha apuntado la posibilidad de que el personaje sea una referencia a Jesucristo.
Roger: Al igual que Simón y Jack, pertenece al coro. Un niño muy calmado que no habla mucho. Es moreno, alto y con la mirada perdida. Si bien al principio se siente triste y desesperado cuando falla la primera hoguera, al final termina convirtiéndose en la mano derecha de Jack y su segundo al mando. Cuando junto a Maurice destruye el castillo de arena que tres de los "peques" (Johnny, Henry y Percival) estaban construyendo, al principio se siente tan culpable como Maurice, pero luego se da cuenta que allí no hay adultos que puedan reñirle y que puede dar rienda suelta a su violencia. Así lo hace cuando, una vez incluido en el grupo de Jack, se abandona a sus instintos animales y tortura a varios niños e incluso mata a Piggy aplastándolo con una roca sin mostrar remordimientos. Sin embargo, llora con los demás cuando son rescatados. Representa el sadismo.
Análisis y antecedentes
A lo largo de toda la novela Golding explora dos temas en particular: la civilización contra la barbarie y la pérdida de la inocencia infantil. Al ser una alegoría de la naturaleza humana, cada personaje representa diferentes aspectos de las personas. Ralph, el orden y la civilización. Piggy, la razón y cordura de la sociedad. Jack, el deseo de poder y la maldad. Roger, la crueldad y el sadismo en su mayor escala. Simón, la bondad natural del hombre.
La novela tiene una marcada influencia de La Isla de Coral (1857) de Robert Michael Ballantyne. Golding resalta esa influencia al llamar a sus dos protagonistas igual que dos de los personajes principales de la novela de Ballantyne, Ralph y Jack. También tiene un claro antecedente en Dos años de vacaciones (1888), una de las novelas menos conocidas de Julio Verne. El tema es completamente análogo y plantea los conflictos por el poder entre niños perdidos en una isla sin adultos.
También es posible identificar en el texto una representación de las tendencias democrática y autoritaria si analizamos las figuras de los dos líderes. Ralph representa el líder democrático que, bajo el símbolo de la caracola, llama a organizarse al grupo en torno al uso de la palabra. Jack representa al líder autoritario, cuyo poder se basa en la organización marcial, la superioridad física, la superstición y el miedo.
Tiempo histórico
A partir del relato se puede deducir que la historia comienza entre el 6 y el 9 de agosto de 1945, ya que se habla del lanzamiento de la bomba atómica. Los personajes saben que la bomba de Hiroshima ha sido lanzada, pero no tienen conocimiento alguno sobre la de Nagasaki.
Influencia
El manga japonés Cage of Eden del autor Yamada Keiyou, está inspirado en esta obra. La serie de televisión Lost hace referencias en la primera temporada, tanto al libro como a algunas circunstancias tomadas del libro. La serie animada Los Simpson hace referencia al libro en dos ocasiones: en el episodio Kamp Krusty, donde puede verse una cabeza de jabalí clavada en una pica con moscas a su alrededor; y en Das Bus, cuya trama está inspirada en este libro (un grupo de niños que terminan en una isla desierta).
La novela El corredor del laberinto comparte también características similares (un grupo de chicos que están encerrados en un laberinto), aunque en este caso deben cooperar para salir.
El grupo inglés Iron Maiden compuso una canción inspirada en la novela, llamada "Lord of the Flies", incluida en su disco The X Factor. En el videojuego Metal Gear Solid V: The Phantom Pain, se puede ver un claro guiño a esta novela en la misión "La Mamba Blanca", donde tenemos que tomar prisionero a Eli, un joven que ha tomado el control de un pequeño poblado abandonado en África central convirtiéndose en el jefe de un grupo de niños soldado.
Aparece en un episodio de Two and a Half Men, siendo el libro a leer por Jake y generando conflicto con su padre por su desinterés.
La República —en griego Πολιτεία (Politeia), que proviene de πόλις (pólis, denominación dada a las ciudades estados griegas)— es la más conocida e influyente obra de Platón, y es el compendio de las ideas que conforman su filosofía. Se trata de un diálogo entre Sócrates y otros personajes, como los discípulos o parientes del propio Sócrates. La obra está compuesta por diez libros, separados sin correspondencia con los cambios en los temas de discusión que se presenta.
La ciudad-estado ideal
El tema central de la República es la reflexión sobre qué es la justicia y cómo se expresa en el hombre, lo que lleva a Platón a abordar la organización de la ciudad-estado ideal. Según Platón, ésta debe estar dividida jerárquicamente en tres clases: en la parte inferior, la clase de los trabajadores manuales; la posición intermedia la ocupa la clase de los guerreros; y en la cúspide, la clase de los dirigentes. Estos últimos, formados en la filosofía para alcanzar «al fin la visión intelectual del Bien absoluto y el límite extremo del mundo inteligible», salen de los guerreros, por lo que se podría decir que las tres clases no forman más que dos: un grupo superior de guardianes —guardianes-auxiliares y guardianes-filósofos, en cuya cima se podría encontrar el filósofo rey— y un grupo inferior de productores destinados a abastecer a aquéllos.
Platón justifica la división en clases rígidamente separadas con el argumento de que es imposible que un mismo hombre pueda desempeñar dos oficios a la vez, con lo que se opone al concepto mismo de ciudadano, en el que se basaba la polis griega clásica, y cuestiona los fundamentos de la democracia: «Por ello es característico de nuestro Estado que el zapatero sea sólo zapatero y no a la vez timonel, el labrador sea labrador y no sea a la vez juez, y el guerrero, guerrero, y no comerciante a la vez que guerrero» (III, 9).1 Y además de esa división deriva la Justicia, pues según Platón ésta consiste «en que cada uno haga lo que le corresponde hacer».
Para conseguir que todos acepten su posición, especialmente la tercera clase de los productores, los guardianes-filósofos están autorizados a mentir —«sólo a los gobernantes pertenece el poder mentir, a fin de engañar al enemigo o a los ciudadanos en beneficio del Estado»— y deben inventar un mito fundacional para justificar la división, como el siguiente:
Vosotros, ciudadanos del Estado, sois todos hermanos. Pero la divinidad, cuando os moldeó, puso oro en la mezcla con la que se generaron aquellos capacitados para gobernar, siendo de tal forma del más alto valor; plata en los auxiliares; hierro y bronce en los campesinos y demás artesanos». Y si alguien, a pesar de todo, desafiara el orden establecido los jueces lo condenarán a muerte.
En la ciudad-estado ideal platónica los guardianes (los guerreros y los dirigentes-filósofos) se rigen por un régimen de comunismo integral, algo que no se aplica a la clase inferior. De esta manera, al no tener posesiones, las clases superiores evitarían el amor por las riquezas, causa de muchas injusticias... Su educación ha de estar controlada por el Estado, y no se limitaría a los aspectos físicos, como en Esparta —cuyo modelo Platón tenía en mente—, sino que incluiría además la dimensión «intelectual», para hacerles llegar a la verdad que se esconde tras las falsas apariencias. Asimismo, el Estado asignaría mujeres de su mismo grupo social a los varones; y con ellas -al margen de cualquier vínculo matrimonial- se procreará una nueva generación de guardianes dignos y capaces de defender y dirigir la ciudad. Platón justifica esta comunidad de mujeres y de niños como medio para regular los nacimientos y para garantizar la paz y la concordia entre los guardianes, que estarán así «libres de todas las querellas a que el dinero, los niños y los familiares dan lugar» (V,12).
El Estado es, pues, el que regula las uniones sexuales entre varones y mujeres para asegurarse, como se hace con la cría del ganado, de «que los mejores individuos de uno y otro sexo se relacionen entre sí las más de las veces, y los inferiores con los inferiores; además, es preciso criar a los hijos de los primeros y no a los de los segundos, si se quiere que el rebaño no degenere». Y ello se hará recurriendo al engaño para evitar las quejas de los menos afortunados: «Se sacarán a suerte los esposos, haciéndolo con tal maña, que los súbditos inferiores achaquen a la fortuna y no a los gobernantes lo que les ha correspondido». Por otro lado, si un hijo fuera concebido con una mujer que no fuera la que le ha asignado el Estado será considerado ilegítimo y por tanto la madre deberá «abandonarlo porque el Estado no se hará cargo de alimentarlo». En cuanto a los hijos nacidos de las uniones reguladas, los «de los mejores ciudadanos serán llevados al redil común y confiados para su cuidado a ayas, que habitarán en un lugar separado del resto de la ciudad. En cuanto a los hijos de los súbditos inferiores, lo mismo que respecto de los que nazcan con alguna deformidad, se los ocultará, pues así es conveniente, en algún sitio secreto que estará prohibido revelar». De la educación de los niños «aptos» se encargará una institución del Estado desapareciendo cualquier relación con los padres.
Platón describe un modelo de ciudad-estado ideal pero deja abierta la posibilidad de que se pueda aplicar. Así pone en boca de Sócrates lo siguiente:
No habrá mi querido Glaucón, disminución de los males que desolan los Estados, ni siquiera de los que afectan al género humano, a menos que los filósofos sean reyes de los Estados, o que los que ahora se dicen reyes y soberanos pasen a ser verdaderos y serios filósofos, y se vean reunidas en los mismos hombres la potencia política y la filosofía, junto con una ley rigurosa que aparte de los asuntos públicos a la gran cantidad de hombres cuyo talento les lleva a dedicarse a una o a otra cosa exclusivamente; antes de todo esto la constitución que idealmente acabamos de trazar, en la medida que sea realizable, no nacerá, ni verá la luz del día.
Alegoría de la caverna
Artículo principal: Alegoría de la caverna
En este dialogo se utiliza "la alegoría de la caverna" para explicar metafóricamente la situación en que se encuentra el ser humano respecto del conocimiento.3 En ella Platón explica su teoría de cómo podemos captar la existencia de los dos mundos: el mundo sensible (conocido a través de los sentidos) y el mundo inteligible (sólo alcanzable mediante el uso exclusivo de la razón).
Historia de edición
Según Cicerón, la República de Platón es el primer libro de la filosofía griega. No obstante, posteriormente Aristóxeno acusó a Platón de plagio debido a las similitudes con El Antilogikoi o Peri politeias de Trasímaco.
Aulo Gelio cuenta en sus Noches Áticas que los dos primeros libros fueron editados aparte y que Jenofonte sólo se opuso a su Ciropedia. Estos elementos muestran que los distintos libros de la República fueron escritos en diferentes momentos. Parece ser que el primer y el décimo libro no pertenecen al plan original de la obra; no obstante, la unidad en su totalidad parece contradecir esta tesis.
Personajes
En la obra participan diferentes personajes: Sócrates, Glaucón, Polemarco, Trasímaco, Adimanto, Céfalo y Clitofonte.
El texto encontrado en Nag Hammadi
Entre los manuscritos de Nag Hammadi se encontró un pasaje de La República en copto. Se encuentra como quinto documento del Códice VI (NH VI 48–51) y contiene un pasaje o fragmento de la obra (588b–589b) que ya era conocido en la Antigüedad. Es citado por Plotino (Enéadas, I.1.7) y Proclo hace alusiones numerosas de él en su comentario sobre La República; también puede ser encontrado en textos de Eusebio de Cesarea y Estobeo (Antología, III, 9). Segun Howard Jackson el pasaje ha sido "traducido con ineptitud" y lo define como "un desastroso fracaso"; esto podría explicar por qué durante casi veinticinco años fue imposible identificar el texto.4 Por su parte, James Brasher destaca que: "las palabras de Platón han sido distorsionadas e incomprendidas tan mal, que resultan difícilmente reconocibles"; las considera el producto de alguien con escasa formación intelectual y que ha perdido contacto con la tradición filosófica.5 Sin embargo, se ha sugerido que los académicos perciben como una "mala traducción" es en realidad una interpretación tendenciosa de Platón, relacionada con la realidad política de la filosofía griega durante los reinados de Constantino y Constantino II.6 De acuerdo a los elementos que el traductor introdujo en el texto, es posible que esta traducción responda a un ámbito donde eran comunes los relatos sobre los arcontes y otros conceptos antropológicos valentinianos; el tema de la creación por la palabra (49,31–32), el leitmotiv del Apócrifo de Juan, podría haber sido familiar al autor. De hecho, este puede ser el contexto para toda la biblioteca de Nag Hammadi.
También se ha sostenido que, como expresión vívida y concisa de la antropología platónica, hay razones para creer que este pasaje era parte de una antología de textos filosóficos usada en las escuelas.
El príncipe (en el original en italiano, Il principe) es un tratado de teoría política escrito por Nicolás Maquiavelo en 1513, mientras este se encontraba encarcelado en San Casciano por la acusación de haber conspirado en contra de los Médici. El libro fue publicado en 1531 y dedicado a Lorenzo II de Médici, duque de Urbino, en respuesta a dicha acusación, a modo de regalo. 1 Tiene ciertas inspiraciones en Fernando II de Aragón.
Se trata de la obra de mayor renombre de este autor, aquella por la cual se acuñaron el sustantivo maquiavelismo y el adjetivo maquiavélico.
Sobre los principados mixtos
En esta parte de su obra, Maquiavelo trata sobre los principados mixtos, viene a ser aquel que no es enteramente nuevo y posee un miembro añadido a un principado antiguo ya poseído, éste se asemeja mucho a los principados nuevos, tiene casi las mismas dificultades para conservar el poder. Los principados mixtos consisten en que los hombres, aficionados a mudar de señor, con la loca y errada esperanza de mejorar su suerte, se arman contra el que los gobernaba y ponen en su puesto a otro, no tardando en convencerse, por la experiencia, de que su condición ha empeorado. Ello proviene de la necesidad natural, en que el nuevo príncipe se encuentra, de ofender a sus nuevos súbditos, ya con tropas, ya con una infinidad de otros procedimientos molestos, que el acto de su nueva adquisición llevaba consigo.
Se consideran varias estrategias para conservar este principado: la primera, eliminar el linaje del príncipe anterior y no alterar las leyes ni aumentar los impuestos.
Asimismo, Maquiavelo aclara que los principados mixtos son los mejores en todo sentido.
Sobre ser amado o temido
Maquiavelo aconseja a los príncipes que deben ser amados y temidos simultáneamente. Pero como estas relaciones raramente existen al mismo tiempo, aclara que es preferible ser temido que amado. Fundamenta su pensamiento en que en el momento de una revolución, el pueblo puede que se olvide del amor, pero el temor siempre lo perseguirá. En consecuencia, si un soberano es temido hay menos posibilidades de que sea destronado. Además Maquiavelo aconseja que sobre todas las cosas uno siempre debe evitar ser odiado, ya que en esa situación nada impedirá que termine destronado. Para evitar ser odiado el príncipe nunca debe interferir con los bienes de sus súbditos ni con sus esposas, ya que argumenta que un subordinado olvida más rápido la muerte de su padre que la pérdida de sus riquezas.
El sentido contextual de Nicolás Maquiavelo respecto de ser "amado" y/o "temido", radica primordialmente en que debe haber un punto equidistante entre una y otra; toda vez que si bien es cierto un príncipe, entendiéndose no como tal, sino como la cabeza de un Estado, debe ser clemente y al mismo tiempo hacerse temer, en cierta manera, para mantener la firmeza del territorio que gobierna, no así si se pasa de temeridad pues será aborrecido, y no ser del todo indulgente, pues esto desencadena desorden y posteriormente la destrucción del Estado.
Autoritarismo o liberalismo
Los pensamientos de Maquiavelo sobre este tema fueron asignados a un capítulo entero en El príncipe. Él pensaba que es mejor ser autoritario, ya que cuando se es clemente o liberal se le da libertad tanto a las personas como a los hechos. Hechos tales como lo son las masacres y matanzas afectan a toda la población. En cambio cuando uno es autoritario evita los hechos que afectan a toda la población, y en vez sólo ejecuta a unas personas, para mantener el orden y el autoritarismo. Además, estas ejecuciones sólo afectan a unos pocos individuos.
El arte de la guerra
Aquí, Maquiavelo nos dice que un príncipe siempre se debe preocupar por estas cuestiones y debe tener en cuenta que una postura neutral ante los problemas es en muchos casos una postura desventajosa y solamente retrasa los mismos.
Nada que ver con su homónimo El arte de la guerra de Sun Tzu.