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martes, 18 de septiembre de 2018

José Carlos Mariátegui








José Carlos Mariátegui La Chira (Moquegua, 14 de junio de 1894, Lima, Perú, 16 de abril de 1930) fue un escritor, periodista y pensador político peruano, autor prolífico a pesar de su temprana muerte. El Amauta (del quechua: hamawt'a, "maestro") es el nombre con el que también se conoce en su país, y fue uno de los principales estudiosos del marxismo en América Latina. De entre sus libros, los 7 ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana es una obra de referencia para la intelectualidad del continente.1​ Fue el fundador del Partido Socialista Peruano en 1928 (que, tras su muerte, pasaría a denominarse Partido Comunista Peruano, a instancias de la III Internacional, y por obra de Eudocio Ravines, que ejercía entonces la secretaría general del partido), fuerza política que, según su acta de fundación, tendría como herramienta axial al marxismo-leninismo, y de la Confederación General de Trabajadores del Perú, en 1929.

Para el sociólogo y filósofo Michael Löwy, Mariátegui es "indudablemente, el pensador marxista más vigoroso y original que América Latina haya conocido”.2​ En la misma línea, José Pablo Feinmann, filósofo y crítico cultural argentino, lo declaró que se trata del "más grande filósofo marxista de Latinoamérica".


Biografía

Infancia y juventud

Mariátegui nació en Moquegua, en el seno de una familia humilde. Sus padres fueron María Amalia La Chira Ballejos y Francisco Javier Mariátegui Requejo. Entre sus antepasados se contaba el ilustre pensador liberal Francisco Javier Mariátegui y Tellería. Tuvo dos hermanos: Guillermina y Julio César Mariátegui.

En 1899 se trasladó con su madre y sus hermanos a Huacho y en 1902, tras un accidente en la escuela, fue internado en la clínica Maison de Santé de Lima. Su convalecencia fue larga y quedó con una anquilosis en la pierna izquierda que lo acompañaría el resto de su vida. Por haber quedado inhabilitado para las recreaciones propias de su edad, frecuentó desde entonces la lectura y la reflexión.

En 1909, ingresó al diario La Prensa para realizar tareas auxiliares, primero como alcanzarrejones (portapliegos) y luego como ayudante de linotipista. A pesar de no haber culminado sus estudios escolares, llegó a formarse en periodismo y empezó a trabajar como articulista, primero en La Prensa (1914-1916) y luego en el diario El Tiempo (1916-1919), al mismo tiempo que colaboraba en las revistas Mundo Limeño, Lulú, El Turf y Colónida. Usando el seudónimo de Juan Croniqueur ironizó la frivolidad limeña y exhibió una vasta cultura autodidacta, que lo aproximó a los núcleos intelectuales y artísticos de vanguardia. Se hizo amigo del escritor Abraham Valdelomar con quien formó un dúo diletante cuyos duelos de ingenio eran reproducidos por ellos mismos en sus crónicas. Por esa época (llamada luego despectivamente por él mismo como su “edad de piedra”) cultivó con entusiasmo la poesía pero nunca publicó su anunciado poemario titulado Tristeza.



En 1918 sus intereses viraron hacia los problemas sociales. Fundó con el periodista César Falcón y Félix del Valle la revista Nuestra Época, desde donde criticó el militarismo y la política tradicional pero de la que solo salieron dos números. En 1919 e igualmente en colaboración con Falcón fundó el diario La Razón, desde donde apoyó la reforma universitaria y las luchas obreras. Dicho diario tampoco tuvo larga vida y fue clausurado por el gobierno del presidente Augusto B. Leguía, oficialmente por haberse expresado despectivamente de los miembros del parlamento, aunque lo más probable fuera por los crecientes reclamos populares que alentaba desde sus páginas.


Viaje a Europa y formación socialista

Junto con Jorge Falcón viajaron con rumbo a Europa gracias a una beca que le fue entregada por el gobierno de Leguía como una forma encubierta de deportación. Pasaron por Nueva York, coincidiendo con una huelga de trabajadores de los muelles del puerto, y en la Alemania de revolución espartaquista, para luego en noviembre llegar al puerto de Le Havre y de allí a París.3​

En Europa, a decir de él mismo, fue donde hizo su mejor aprendizaje. Se vinculó con escritores representativos, estudió idiomas, inquirió sobre las nuevas inquietudes intelectuales y artísticas y concurrió a conferencias y reuniones internacionales.

En Italia se casó con Ana Chiappe y estuvo presente durante la ocupación de las fábricas en Turín, así como en el XVII Congreso Nacional del Partido Socialista Italiano en Livorno, donde se produjo la escisión histórica y se conformó el Partido Comunista Italiano (PCI). Formó parte de círculos de estudio del PSI y asumió el marxismo como método de estudio, cuando Benito Mussolini estaba a punto de tomar el poder. Según su análisis, la victoria del fascismo es el precio que un país debe pagar por las contradicciones de la izquierda.

Abandona Italia y recorre Europa a la espera de poder volver al Perú. Visita París, Múnich, Viena, Budapest, Praga y Berlín.4​ Durante ese recorrido estudia los movimientos revolucionarios que convulsionan el continente europeo después de la guerra.



Retorno al Perú


El 17 de marzo de 1923 Mariátegui regresó a Lima, acompañado de su esposa y su primogénito. Dictó conferencias en la Universidad Popular González Prada sobre la crisis mundial derivada de la Primera Guerra Mundial. Asumió la dirección de la revista Claridad cuando Víctor Raúl Haya de la Torre, futuro líder del APRA, viajó a México en calidad de exiliado. Llamó a la realización del Frente Único de Trabajadores. A fines de ese mismo año anunció la publicación de "Vanguardia: Revista Semanal de Renovación Ideológica", co-dirigida con Félix del Valle, proyecto que no se llevaría a cabo pero que luego se transformaría en la Revista Amauta.

En 1924, debido a su antigua lesión, debió amputársele una pierna. Pero no cesó por ello su actividad creadora, continuándola recluido en una silla de ruedas. Pasó una temporada de reposo en Miraflores para mudarse el 1ro de junio de 1925 a la que sería su residencia más simbólica en la calle Washington, izquierda, No. 544,6​ hoy conocida como la Casa Museo José Carlos Mariátegui. En octubre de 1925 fundó la Editorial Minerva junto con su hermano Julio César que publicó obras suyas y de otros autores peruanos, comenzando por su primer libro recopilatorio de ensayos: La escena contemporánea,7​ sobre la política mundial. En 1926 fundó la revista Amauta (en quechua sabio o maestro), que cohesionó a una amplia generación de intelectuales en torno a una nueva apreciación del quehacer nacional y dio impulso al movimiento indigenista en arte y literatura. Asimismo, colaboró asiduamente en los semanarios limeños Variedades y Mundial.

Fue encarcelado en 1927 durante un proceso contra los comunistas acusados de conspirar contra el gobierno de Leguía, pero luego le dieron arresto domiciliario. En 1928 rompió ideológicamente con Víctor Raúl Haya de la Torre y fundó el Partido Socialista Peruano, convirtiéndose un año más tarde en su Secretario General. Durante el mismo año, fundó la revista comunista Labor y publicó sus monumentales 7 ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana.8​ En 1929 fundó la Confederación General de Trabajadores del Perú.

El proyecto político de Mariátegui se puso a prueba en el Congreso Sindical Latinoamericano de Montevideo (mayo de 1929) y la Conferencia Comunista Latinoamericana (junio del mismo año). A ellas asistió el Partido Socialista Peruano con cinco delegados que llevan planteamiento de Mariátegui: Hugo Pesce, Julio Portocarrero, José Bracamonte (piloto de la Marina Mercante Nacional, fundador de la Federación de Tripulantes del Perú), Juan Peves (dirigente campesino de Ica, fundador de la Federación de Yanacones) y Carlos Saldías (dirigente textil). Estos planteamientos fueron cuestionados por el buró político de la Internacional en Sudamérica, generando una distancia entre los planteamientos de la Internacional Comunista y las posturas de Mariátegui. En definitiva, Mariátegui "no aceptó subordinarse a la jerarquía comunista".

En febrero de 1930, Eudocio Ravines fue nombrado Secretario General del Partido Socialista del Perú, en reemplazo de Mariátegui quien estaba preparando un viaje a Buenos Aires, donde podría tratar su enfermedad y participaría en el Consejo General de la Liga Antiimperialista. También proyectaba dar envergadura continental a su revista Amauta trasladando su sede de Lima a la capital de Argentina.


Últimos días antes de su muerte

A fines de marzo de 1930, Mariategui fue internado de emergencia siendo acompañado por sus amigos entre los cuales destacaron Diego San Roman Zeballos (creador de la revista El Poeta Hereje). Murió el 16 de abril, casi en vísperas de su esperado viaje a Buenos Aires. El 20 de mayo la dirección del Partido Socialista Peruano, con Eudocio Ravines como Secretario General y Jean Braham Fuentes Cruz como Presidente General, cambió el nombre del Partido Socialista del Perú por el de Partido Comunista Peruano.

Fue enterrado en el Cementerio Presbítero Maestro con un masivo cortejo fúnebre​ y en el año 1955, conmemorándose los 25 años de su muerte fue trasladado a un nuevo mausoleo en el mismo cementerio (un túmulo de Granito obra del escultor español Eduardo Gastelu Macho).11​


Su pensamiento

Visión del Perú

La Conquista no sólo escindió la Historia del Perú, sino también escindió la economía. Antes de la llegada de los españoles existía una economía comunal indígena que era bastante sólida. Existía un bienestar material gracias a la organización colectivista de la sociedad incaica. Esta organización había enervado el impulso individual y a la vez había desarrollado el hábito de la obediencia al deber social.

La Conquista instauró así una economía de carácter feudal. No buscaban desarrollar una economía sólida sino sólo la explotación de los recursos naturales. Es decir, los españoles no se formaron como una fuerza colonizadora (como los ingleses en Estados Unidos), sino que se constituyeron como una pequeña corte, una burocracia. Este sistema acabó determinando la economía republicana.

La política económica de la Corona Española impedía el surgimiento de una burguesía en las colonias. Estas vieron necesaria la independencia para asegurar su desarrollo. La independencia se decide entonces por las necesidades del desarrollo capitalista, en ese sentido, Inglaterra cumplió un papel fundamental al apoyar a las nacientes naciones americanas.

Para Mariátegui, el gamonal invalida inevitablemente toda ley u ordenanza de protección del indígena o del campesino. Contra la autoridad del hacendado sostenida por el ambiente y el hábito, es impotente la ley escrita. El alcalde o el presidente municipal, concejo o ayuntamiento, el juez, el corregidor, el inspector, el comisario, el recaudador, la policía y el ejército están enfeudados a la gran propiedad. "La ley no puede prevalecer contra los gamonales. El funcionario que se obstinase en imponerla, sería abandonado y sacrificado por el poder central, cerca del cual son siempre omnipotentes las influencias del gamonalismo, que actúan directamente o a través del parlamento, por una y otra vía con la misma eficacia".

Es importante esclarecer la solidaridad y el compromiso a que gradualmente han llegado el gamonalismo regional y el régimen central: "de todos los defectos, de todos los vicios del régimen central, el gamonalismo es responsable y solidario". El gamonal es una pieza en la estructura de la administración centralizada: es el jefe local de uno de los partidos políticos de influencia nacional y es el eslabón fundamental en la cadena de una de las muchas clientelas del sistema político. El poder central recompensa al gamonal al permitirle disfrutar de innumerables contratos y alcabalas y actualmente, al dejar en sus manos las regalías que produce la explotación de recursos naturales por las multinacionales e innumerables contratos para complementarlas. En estas condiciones, cualquier descentralización termina con el resultado esencial de un acrecentamiento del poder del gamonalismo.


El guano y el salitre cumplieron un rol fundamental en el desarrollo de la economía peruana. Estos productos aumentaron rápidamente la riqueza del Estado, ya que la Europa industrial necesitaba estos recursos para mantener su productividad agrícola, productos que el Perú poseía en monopolio. Esta riqueza fue despilfarrada por el Estado Peruano. Pero permitió la aparición del capital comercial y bancario. Se empezó a constituir una clase capitalista, pero cuyo origen se encontraba en la vieja aristocracia peruana. Estos productos también permitieron la consolidación del poder de la costa, ya que hasta entonces, la minería había configurado a la economía peruana un carácter andino. En síntesis, el guano y el salitre permitieron la transformación de la economía peruana de un sistema feudal a un sistema capitalista.

Las nuevas naciones buscaron desarrollar el comercio. América Latina vendía sus recursos naturales y compraba productos manufacturados de Europa, generando un sistema que beneficiaba principalmente a las naciones europeas. Este sistema, permitió el desarrollo sólo a los países Atlánticos, ya que las distancias eran enormes para los países que se encontraban en la costa del pacífico como el caso del Perú. El Perú en cambio, comenzó a comerciar con el Asia, pero no logró el mismo desarrollo que los países del Atlántico.

Además, con la Guerra del Pacífico el Perú perdió el guano y el salitre. Pero esta guerra también significó la paralización de toda la producción nacional y el comercio, así como la pérdida del crédito exterior. El poder cayó temporalmente en manos de los militares, pero la burguesía limeña pronto recuperó su función. Se planteó el Contrato Grace como una medida para salir de la crisis. Este contrato consolidó el predominio británico en el Perú, al entregar en concesión los ferrocarriles por un periodo de 66 años.



El marxismo

Mariátegui se describe, desde su regreso de Europa, al marxismo, en la versión leninista de la Tercera Internacional, encontrándose notables similitudes con el pensamiento de Antonio Gramsci, especialmente en lo que atañe a la importancia de la superestructura cultural no como mero "reflejo", sino desde la valoración de sus potencialidades revolucionarias para generar contrahegemonía. Fruto de dicha noción será su revista teórica Amauta y el órgano revolucionario Labor, que será clausurado por el régimen de Leguía. Crítico incansable del reformismo de la Segunda Internacional y de la socialdemocracia, Mariátegui es considerado el primer marxista de América Latina, al enfatizar al papel de las masas indígenas como el auténtico "proletariado" del continente y pregonar la necesidad de una revolución socialista, influenciado por el sindicalismo radical de Georges Sorel.


El fascismo

Por su parte, mostró cómo el fascismo no era una "excepción" de Italia o un "cataclismo", sino un fenómeno internacional "posible dentro de la lógica de la Historia", del desarrollo de los monopolios en el imperialismo y de su necesidad de derrotar la lucha del proletariado. Mariátegui vio el fascismo como una respuesta del gran capital a una crisis social profunda, como la expresión de que la clase dominante no se siente ya suficientemente defendida por sus instituciones democráticas, por lo que culpa ante las masas de todos los males de la patria, al régimen parlamentario y a la lucha revolucionaria, y desata el culto a la violencia y al nuevo orden del Estado fascista, concebido como estructura autoritaria vertical de corporaciones. Mariátegui vislumbró cómo el triunfo del fascismo estaba inevitablemente destinado a exasperar la crisis europea y mundial.


Obras

En vida, Mariátegui publicó solo dos libros (La escena contemporánea y los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana), dejando inacabados e inéditos dos más (El alma matinal y Defensa del marxismo publicadas en 1950 y 1955, respectivamente, aunque gran parte de ellos ya había sido publicada en la prensa). Todas estas obras, sumadas a su abundante producción periodística recopilada (entre artículos, conferencias, ensayos y una novela breve), han sido editadas por sus herederos (su viuda y sus hijos), hasta llegar a conformar 20 tomos. Hay que señalar sin embargo, que entre dichos tomos hay dos biografías del autor (una de María Wiesse y otra de Armando Bazán), una síntesis del contenido de la revista Amauta, realizada por Alberto Tauro del Pino y una antología poética de diversos autores inspirada en la vida y obra de Mariátegui. Si hablamos de las “obras completas” propiamente dichas, estas solo suman en realidad 16 tomos. Sustancial obra que fue producida en un lapso de 7 años (1923-30).


Obras completas. Biblioteca Amauta


La escena contemporánea, Obras completas, Vol. 1. Ed. Amauta.

7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, Obras completas, Vol. 2. Ed. Amauta.

El alma matinal y otras estaciones del hombre de hoy, Obras completas, Vol. 3. Ed. Amauta.

La novela y la vida. Siegfried y el profesor Canella, Obras completas, Vol. 4. Ed. Amauta..

Defensa del marxismo, Obras completas, Vol. 5. Ed. Amauta.

El artista y la época. Obras completas, Vol. 6. Ed. Amauta.

Signos y obras. Análisis del pensamiento literario contemporáneo, Obras completas, Vol. 7. Ed. Amauta.

Historia de la crisis mundial. Conferencias pronunciadas en 1923. Obras completas, Vol. 8. Ed. Amauta.

Poemas a Mariátegui (Compilación con prólogo de Pablo Neruda), Obras completas, Vol. 9. Ed. Amauta.

José Carlos Mariátegui por María Wiesse, Obras completas, Vol. 10. Ed. Amauta.

Peruanicemos al Perú, Obras completas, Vol. 11. Ed. Amauta.

Temas de nuestra América, Obras completas, Vol. 12. Ed. Amauta.

Ideología y política, Obras completas, Vol. 13. Ed. Amauta.

Temas de educación, Obras completas, Vol. 14. Ed. Amauta.

Cartas de Italia, Obras completas, Vol. 15. Ed. Amauta.

Figuras y aspectos de la vida mundial. Tomos 1, 2 y 3 Obras completas, Vol. 16, 17 y 18. Ed. Amauta.

Amauta y su influencia de Alberto Tauro, Obras completas, Vol. 19. Ed. Amauta.




Con información de:
https://es.wikipedia.org/wiki/José_Carlos_Mariátegui



lunes, 10 de septiembre de 2018

Pedro Miguel Arce Montoya- IFPmorena









Escritor, Periodista y #CiberActivista
Consejero del Instituto Nacional de Formación Política de MORENA
Representante del fideicomiso de MORENA  para la reconstrucción del 19S



Estudió Antropología Social y Literatura Francesa. Ha realizado trabajos de museografía, difusión cultural y periodismo y colaborado con ensayos, artículos de fondo y crónicas sobre política mexicana e internacional, en diarios mexicanos como Unomásuno, El Día, Punto y La Jornada; en El País (Madrid), Libération (París), Yomiuri Shinbun (Tokio) y La Opinión (Los Ángeles). Ha publicado sus cuentos en los suplementos “El Gallo Ilustrado” y “Revista Mexicana de Cultura”. Ha participado como guionista y comentarista de televisión (Multivisión y Canales 13 y 22) y como colaborador de Servicios Argos Informativos y columnista de Personal Computing.

Manuel José Pedro Miguel Arce Montoya, ensayista, novelista, cuentista y poeta, recrea en su poesía los temas del amor, la existencia y la condición humana, bajo un enfoque sociológico. La fe del adversario es una bitácora autobiográfica del poeta. El caso de Virginia Farfán: la mujer diurético, publicada originalmente por entregas en internet, es una novela de crítica social mediante la ironía, la exageración, el humor, y el enfoque escatológico de sus personajes, que cuentan con poderes extraordinarios a la manera de los del cómic.





Con información de:



"A los 10 años estrenaba nuevo país.
A los 20 estaba enamorado como un cerdo.
La treintena me pilló en el disfrute de un oficio.
Llegué a los 40 con una bebé en los brazos.
Al medio siglo me había incorporado a un movimiento político.
El regalo de los 60 es participar en una transformación nacional.
Pinche vida. No dejas margen para la queja."

___________




Fragmentos de Entrevista en Cuba (2013) sobre
Periodismo y Tecnología
https://lapupilainsomne.wordpress.com/2013/09/17/pedro-miguel-periodismo-y-tecnologia-parte-i/



Nací en Guatemala. En 1967, a la edad de 9 años, llegué a México, y me quedé allí como guatemalteco, siendo y sintiéndome guatemalteco hasta los 20, 21 años. Después perdí todo interés y todo vínculo con Guatemala y me consagré a México.


No tengo una formación universitaria. Básicamente mi educación transcurrió en México donde llegué a hacer cuarto de primaria y luego un año de secundaria en Guatemala. De formación académica superior solo dos semestres de lengua francesa, uno de arquitectura, tres de antropología y ya.



La Jornada se fundó en medio de la miseria, nuestra gran maestra fue la miseria, porque nuestros recursos no alcanzaban, y para entonces –te hablo del principio de los años 80-, lo que había en el mercado eran sistemas de fotocomposición, dedicados, especiales,  y cada terminal de fotocomposición costaba de cinco a diez mil dólares.

Y alguien descubrió que una computadora personal (PC) IBM podía hacer el trabajo de una terminal de fotocomposición, si tú la programabas, y podía hablar con una fotocomponedora, si tú le ponías los programas y cierres necesarios.

Se compraron entonces 12 computadoras personales, que estaban enchufadas a la fotocomponedora por medio por medio de una caja, era la caja HIJ.

P: ¿Cómo de qué año estamos hablando?

R: 1984. Eso conformándose, era Word Star, era Word Perfect, era DOS. Tú con tu mando le decías  a la caja HIJ: “compón así; justifica; línea a la izquierda, centra”.

Así se funda La Jornada. Es decir, debió haber salido a circulación el primero de septiembre del 83. Es el día del informe presidencial. A los directivos les parecía era una fecha crucial, políticamente importante. Pero empezamos a circular el 19 de septiembre. El cable que conectaba a la computadora con la HIJ, no podía salir de la aduana, y retrasó toda la salida un cable, un cable serial.

Y como era todo economía cerrada, estábamos a diez años casi de firmar el TLC. Sacar un tornillo de la aduana era una pesadilla. Tenía que llegar un especialista evaluador a cotizar, para ver qué impuesto tenías que pagar.

En el tiempo de solicitud de la autorización para poder sacar el cable serial, alguien en el periódico dijo: “oigan, seguro vienen los diagramas de las conexiones. Vamos a fabricarlos nosotros; con soldaduras.” Y el cable todavía está en la aduana. Fabricamos uno y lo enchufamos, ya desesperados.

Son historias muy interesantes. Entonces tú le decías a la HIJ, conformándose entre brakes lo que tenía que hacer: permitir una capitular, que la metiera en negrita, que la metiera en cursiva, que le diera tanto de interlínea, que le diera tanto ancho.. Y salían galeras, en papel fotográfico que había que revelar y después encerar para pegarlas en cartones para ir armando las planchas, y después al Off Set. Estábamos saliendo del linotipo, de los tipos calientes.

Después Payán me encontró con una computadora bajo el brazo. Las primeras computadoras personales que podía uno comprarse eran unas que enchufabas al televisor y almacenabas información en casetes de audio, ¡un horror! Cuando hubo una, me la compré, por supuesto.

P: Eso no llegó a Cuba. Aquí llegaron los flopys de 8 pulgadas…

R: Ah, los flopys. Aquella computadora es contemporánea de los flopys de 8 pulgadas, pero los flopys eran muy caros, casi prohibitivos. Entonces tenías la alternativa barata que era la casetera, que grababa.

Yo tenía inquietudes con la informática desde mucho tiempo atrás. Para mí las computadoras fueron un hallazgo, un descubrimiento, una obsesión.

Me atraía el aspecto literario. Yo decía: “es que este aparato me puede ayudar a escribir”. Por supuesto, cuando en México aparecieron las máquinas de escribir electrónicas, yo empeñé mi choche y me fui a comprar una. Era una maravilla. Las compu que hacían galeras.

Payán estaba obsesionado, yo estaba obsesionado. El día que Payán me descubrió con la computadora me dijo: “¿Y eso qué es?” “Es una computadora.” “No, si es más grande.” “No, es que esto es solo el teclado y el CPU, luego la enchufas a la tele.” “Te nombro coordinador  informático del periódico”, es fue el peor error de Payán en su gestión como director, nombrarme a mí jefe de sistemas.

Me pone la obligación de automatizar el periódico. Debía comprar una computadora a Estados Unidos para hacer el periódico, para formar el periódico en pantalla, ya no en cartones. Era muy adelantado para su tiempo.

Fui a Estados Unidos varias veces, a ver sistemas y estudiar por tres meses el funcionamiento de la computadora que íbamos a comprar.

P: ¿Dónde estudiaste? ¿En una universidad o en un periódico?

R: No, en una academia de esa empresa, tenían sus propias academias en donde formaban los técnicos. Tenías que aprender a reparar, a reprogramar, las funciones, desde el sistema operativo. Era una máquina multiusuario, con 32 terminales, CPU paralelos, floppys de 8 pulgadas, respaldo. Unos discos duros inmensos.

Una aventura muy interesante, muy de pesadilla también. Acabé mal, es decir, acabé hundido en una depresión total, porque no era lo que yo podía esperar.

P: ¿Y cómo asumiste ese cambio tan brutal?

R: Pésimo, pésimo. Estamos hablando del 87, 88; y ya había en el gobierno una tendencia neoliberal configurada: los tecnócratas. Pasé a ser el tecnócrata, el que iba a dejar sin trabajo, el enemigo público número 1. Tuve al sindicato absolutamente en contra, también a los reporteros. Pasaron cosas inverosímiles, inverosímiles.

Uno de los reporteros me decía: “No, me niego a escribir entonces”. Le pregunté por qué y respondía: “Mira, yo tacho continuamente guiones, y guiones. Si no me gusta empiezo a escribir otra cosa, entonces tengo que estar viendo lo tachado, no puedo”.

Bueno, le inventé una fuente tachada que no existía. Le dije: “mira, escribe, si no te gusta lo marcas, lo vuelves fuente tachada y sigues escribiendo.” Entonces, estuvimos perdiendo disquetes que eran de cinco un cuarto porque las computadoras tenían dos lectores de disquetes, uno arriba y otro abajo. Y ellos tenían las habilidades para meter el disquete en medio de las ranuras. “Se comió mi disquete la máquina”. “¿Cómo que se lo comió?” “Sí, no sale.” “Tiene que salir, nada más mueve la palanca.” “No, no sale.” Entonces iba, “pero es que no hay disquete.” “Sí, está en medio.”

P: De la ingeniería al periodismo…

R: Y el gerente, en esa época, como buen gerente, me mandó a  comprar para él la mejor computadora, la más cara. La más inútil computadora que se compró, la compró él. Un día me llama y me dice: “Oye, mi computadora no sirve.” Le digo: “¿Qué le pasa?” Dice: “se le descompuso el porta vaso.” “Las computadoras no tienen porta vaso”, dije yo. “La mía sí tenía, ven a ver”. El lector de CD ROM; se había comprado una computadora de CD ROM y lo usaba como porta vasos. En fin, pasaron muchas de esas cosas.

Salí de informática, y fui a buscar un ingeniero que me reemplazara, y le dije: es mejor que se encargue de los hierros. Y regresé a mi trabajo de redactor.

P: ¿De vuelta a la redacción internacional?

R: Sí. Muy poco tiempo después empezó La Jornada con un proyecto de cooperación entre varios medios: World Mailer, lo inventaron unos chicos que salieron de Liberación, en Francia, para hacer su propio medio. Lo inventaron en El País, que en ese tiempo tenía una relación muy fraterna con La Jornada. Después, sabes lo que pasó, El País siguió…

P: Su rumbo inexorable…

R: Su rumbo. Entonces, Payán me pidió que me pusiera al frente de eso. Fue muy hermoso, primero porque viajabas mucho y conocías diferentes lugares: Estambul, Jerusalén, etc. Pero era muy hermoso, porque realmente se hacían visiones globales de las cosas, eran repasos muy exhaustivos de un tema mundial.

P: ¿Qué fue la World Mailer?

R: La World Mailer era una red de periódicos, donde estaban Liberación, El País y, por supuesto, La Jornada.

P: ¿Qué hacían? ¿Trabajos en conjunto, publicaciones simultáneas?

R: Mira, había dos reuniones anuales de los medios. Entonces, una vez aprobado el tema, se fijaba un calendario para producir el material, y se dividía el trabajo.

Podía ser el panorama religioso, por ejemplo. “¿Qué nos propones como reportaje?” “Bueno, tenemos el tema de la santa muerte, que es un tema que está surgiendo.” Entonces, “¿qué más tienes con colaboradores?” “Bueno, tenemos al hijo de Rulfo que es fotógrafo, y que está bien…” “Entonces ahí tenemos fotos de México, tenemos un reportaje de México.”

Propones un escritor, “Fulano”. Bien, La Jornada va a aportar esto, eso y aquello. “¿Qué vas a hacer tú?” “Voy a hacer algo sobre el culto gaélico, el culto celta de muerte.” “Perfecto, ¿tú qué vas a hacer?” “Quiero hacer algo sobre la masificación de los velorios, el mercado de la muerte en Estados Unidos.” “Perfecto.” Entonces íbamos juntando materiales a lo largo del exterior.

P: Tenían unos traductores espectaculares, ¿no?

R: En muchos casos se hacían sinergias. Por ejemplo, nosotros usábamos las traducciones que hacía El País, les servían a ellos y a nosotros. O bien no nos gustaba y hacíamos la nuestra.

P: ¿Quién financiaba todo eso?

R: Cada medio ponía un dinero para cada número, y eran suplementos que quedaban para publicar, 64 páginas si querías. Entonces cada medio tomaba sus decisiones soberanas, en cuánto a qué publicaba, cómo lo publicaba, con qué diseño, con qué formato. Si lo publicaba todo junto, si lo hacía a lo largo de un mes, a lo largo de una semana; eso ya cada quién lo decidía.

P: Ah, no era un suplemento, o sí, lo podías hacer como suplemento o como artículo del domingo, era libre a utilizar el material.

R: Artículos cuestionables, y la redacción central producía las tipografías.

P: ¿Qué tiempo duró el proyecto?

R: Duró cuatro años. La participación de La Jornada fue solo de dos, porque entró a partir del segundo número, y se salió porque hubo una crisis en México, y no podía costear los 10 mil dólares por número.

P: ¿Por mes, al año?

R: Por edición, dos veces al año.

P: ¿Y por qué fracasa entonces la World Mailer?

R: No funcionó el modelo de publicidad. Los medios participantes no aguantaron, es decir, invirtieron e invirtieron, pero nunca lograron vender la suficiente publicidad como para sostener aquello. La idea de poder comercializar esos suplementos y sacarle mucho más dinero, eventualmente, despareció.

R: Después, con la renuncia del coordinador de opinión, hay un momento de crisis en La Jornada. Yo asumí el cargo.

En el 92, hicimos un proyecto de televisión, hacer programas noticiosos, en el que el periódico aportaba el diseño editorial. Nos tuvieron también ahí destacados. Creo que hacíamos el guión y todo.

P: ¿Ya eso después del levantamiento zapatista?

R: Antes. Entonces como coordinador de la opinión de La Jornada debía invitar a escritores, hacer mi comentario, en fin.

De ahí pasé a ser coordinador editorial, y en ese tiempo inventé un suplemento de cibercultura, que se llamaba Virtualia, duró unos tres años. Después de eso me dediqué solo a hacer artículos, columnas, editoriales. Hasta la fecha no tengo ningún cargo.

P: Háblanos de la experiencia de Cibero América.

R: Bueno, ese es un proyecto mío que no tiene nada que ver con La Jornada. Lo inventamos un amigo y yo,  pensando que queríamos tener en Internet el pensamiento de integración de América Latina, y que este era el instrumento para integrarlo.

P: Rebelión fue en el 96. ¿Eso es antes o después?

R: Es contemporáneo, pero nosotros no teníamos nada, podemos decir. Teníamos una preocupación regional, de continente idiomático, una preocupación semiótica sobre cómo eran los lenguajes en Internet.

Cómo se redacta en Internet, cómo se diseña y narra en Internet, que no es papel, no es tele, ni radio, es otra cosa.

P: ¿Cibero América sería específicamente el periodismo mirado desde la Web, o sea, la evolución que se está dando en esta plataforma?

R: Sí, eso era lo que queríamos.

P: Además de la preocupación por el lenguaje.

R: Sí, la sistematización del lenguaje era fundamental.

P: ¿Eso salía? ¿En qué lenguaje?

R: Por Internet. Teníamos un servidor.

P: ¿Una página Web, con FPT y demás?

R: Sí, estábamos actualizando todo el día.

P: No fue hasta el 96 que Estados Unidos permitió a Cuba conectarse al cable a una velocidad de 512 KB. ¿En qué año comenzaron?¿Qué navegación tenía México en ese momento?

R: El proyecto lo empezamos a partir del 95, pero lo organizamos en el 99. En esos tiempos las conexiones telefónicas eran insuficientes. Compramos una conexión de 64 KB, que a nosotros nos parecía un avión y aún así la reventamos.

Después, a los pocos meses, contratamos una de 128 KB. Muy pronto renunciamos a ampliar el eje de banda y lo que hicimos fue enviar todo el material a unos servidores en los Estados Unidos.

Tenía una C1, un monstruo, y lo que hacíamos era subir por esa PC nuestro contenido a ese servidor, y ese servidor mediaba con el tráfico, que llegó a ser monstruoso.

Era enorme, fuera como fuera. Estábamos muy adelantados para la época. Nadie entendía qué era la complicidad de línea, y por ello fracasamos estrepitosamente. Estábamos ofreciendo valores agregados que eran comprensibles, por ejemplo, contratamos a Fuentes, contratamos a Rosa Montero, los contratamos como colaboradores.

P: ¿Fue Cibero América algo más que una especie de blog adelantado hecho por dos personas?

R: Sí, fue un proyecto grande. ¿Sabes? Ahí perdimos un millón de dólares.

P: ¿Vendían o no el periódico después?

R: Era gratuito, la idea era la publicidad.

P: Publicidad en línea, porque no era impreso, era un sitio.

R: Era un sitio, y además muy arrogante, muy pretencioso. Nos tomábamos dos semanas en hacer intertextual cada trabajo. Porque con cada artículo que escribiera cada uno de estos grandes, hacíamos 40 líneas por páginas, de modo que el artículo se volviera como una ley que se nos permitía.

P: Así hacíamos nosotros La Jiribilla.  Aunque ahora agota un poco, esa cantidad de vínculo a veces sobra.

R: También hicimos videos. Por supuesto, el usuario tenía que esperar 20 minutos para ver el video. Hicimos un diseño en el que estaba prohibido el scroll, porque el scroll está erradicado. La pantalla tiene su representación, pero también tiene debilidades.

P: Pero eso es también un adelanto para la época.

R: No se podía pasar de pantalla en pantalla, ni navegar para donde quisieras.

P: ¿Qué modelo periodístico utilizaban en ese momento?

R: Ninguno. Nosotros inventamos nuestra serie de reglas. Nos preguntamos cuántos caracteres podrían leerse en la pantalla y dijimos: “Si vas a redactar tu nota, la redactas en fragmentos de 540 caracteres.”

P: ¿Le ponían esa regla a todo el mundo?

R: No, a los colaboradores no, pero a los reporteros y redactores sí.

P: ¿Cuántos reporteros llegaron a tener?

R: Como seis. Llegamos a ser 20 personas.

P: ¿Cómo era el staff?

R: Habían dos diseñadores, cinco reporteros, tres redactores que estaban en plantilla, dos o tres coordinadores que se turnaban. La redacción funcionaba 24 horas, y entonces siempre había alguien de guardia.

Nuestro siguiente delirio fue poner una redacción en Madrid, de esta manera cuando nos fuéramos a la cama, le pasábamos la estafeta a Madrid, esta toma el control y viceversa.

P: Eso fue lo que salvó ahora El País con la foto de Chávez, que tenían una guardia en México.

R: Tenían una guardia en México, así es.

P: Volviendo a Cibero América, ¿qué tiempo duró esa experiencia?

R: Tres años y medio, casi cuatro años.

P: ¿Y fracasó económicamente?

R: Sí, nunca logramos ni siquiera el equilibrio financiero, siempre fueron pérdidas.

P: ¿El sostenimiento era solo sobre la base de la publicidad en la Web?

R: No había otra.

P: ¿Qué reflexiones te dejó esta experiencia? Digamos, ¿qué quedó de esa experiencia para las próximas aventuras?

R: Que hay que emprenderlas.

P: ¿Aún cuando no escaló la tecnología como ustedes pensaron que iba a hacerlo?

R: Es cierto que no escaló la tecnología, ni escalaron los mecanismos económicos como queríamos. Incluso hasta la fecha, tal vez seguiríamos siendo inviables, no sé.

P: ¿Hoy, cuánto da la publicidad en la Web?

R: No tengo idea, no tengo idea.

P: Pero debe ser casi nada.

R: Muy poco. Lo que sí te puedo decir, es que si me dijeran: ¿volverías a hacer Cibero América a sabiendas de que vas a fracasar? Yo diría: “sí, lo vuelvo a hacer”. ¿Por qué?, en primer lugar, entramos en contacto con mucha gente.

Mira nuestro pobre ejemplo. Cubrir a distancia hechos que se nos escapaban, cuyo significado se nos escapaba. La rebelión en Ecuador, hablamos de los tiempos de Abdalá Bucarám. En una de esas rebeliones, estábamos nosotros saliendo del horror del rescate bancario en México, que fue la socialización de una deuda privada de 56 mil millones de dólares, una de las mayores atrocidades.

Estábamos todavía con esa experiencia horrible, y se vienen insurrecciones en Ecuador y no entendemos nada de lo que está pasando. Entonces a la gente que nos escribió desde Ecuador comentándonos al medio, nosotros le escribimos de regreso: cuéntenos qué pasa en tú país.

P: Ahí está este compañero, ¿cómo se llama? ¿Osvaldo, Osvaldo León?

R: Sí, Osvaldo León. Y entonces esta gente nos empieza a escribir vía correo electrónico. Empiezan a reportear, hasta que llega uno y dice: “yo conozco un coronel que tiene la visión muy precisa de la situación. Se los voy a poner para que les escriba”. Nos pone en contacto y el coronel dice: “lo que pasa es que el gobierno se quedó sin presupuesto público, porque le tiene que dar todo el dinero a los bancos que están quebrados. Entonces eso ha desatado la insurrección.”

Entonces no pasaba solo en México, también en Ecuador. A raíz de eso yo ordeno una investigación de rescate y descubro que es la tónica en América Latina.

P: Claro, de ahí viene el corralito, de ahí viene todo.

R: Este coronel se llamaba Lucio Gutiérrez. Después colaboró muchísimo con nosotros. Hubo gente que se formó sin que nos conociéramos. Era un taller a distancia.

P: Los editores eran los que propiciaban eso, ustedes no tenían correctores de estilo, ni nada de eso.

R: No, había un contralor encargado de parar los últimos goles. Además de las erratas en Internet.

P: ¿A qué te refieres con parar los goles? ¿Revisar?

R: Hacer las últimas revisiones para que todo estuviera en orden, pero además, la errata en Internet es mucho menos relevante que en el papel.

P: Se arregla, inmediatamente que alguien la detecta, claro.

R: El público te lo dice al minuto.

R: El público siempre lo ve.

Se formó una generación de gente en las habilidades del diseño Web de la redacción, de la composición. Pero sobre todo en las habilidades de concebir cosas. Hay un grabador cubano, Miguel Valdés, que, por un buen tiempo, fue nuestro diseñador.

P: ¿Trabajabas simultáneamente en Cibero América y en La Jornada? La Web es entrega total.

R: Tenía dos trabajos a tiempo completo y, además, era papá soltero. Tenía que hacerme cargo de mi hija a la hora de la comida. Cierto que tenía un equipo, yo dirigía aquello. Pero igual no dormía, igual puse un sofá en mi oficina para quedarme a dormir allí, porque tenía citas a las 7 de la mañana, incluso me bañaba allí a veces.

Tenía que terminar de ver cosas a las tres de la mañana, y también trabajar para La Jornada.

P: La experiencia es muy interesante de todos modos.

R: Esto hay que repensarlo. Yo volvería a hacerlo porque una escuela para mí, un aprendizaje acerca de cómo coordinar equipos, y todo el proceso técnico de una página Web. Aprendí periodismo viéndolo por primera vez como jefe, desde arriba.

P: Ahora es más fácil.  Los sistemas modulares, las plataformas se van construyendo en el camino prácticamente, reconstruyendo, actualizando, incorporando, es una maravilla.

La segunda versión de Cubadebate la sacamos en junio del 2009, y de la fecha hasta el momento ha tenido como diez actualizaciones. Claro, porque con Word Press tienes una comunidad trabajando para ti.

R: Alguien tiene que inventar ese contenido. En ese tiempo nosotros tuvimos que inventar nuestra consola para manejar la página. Tuvimos que programar, picar piedra en la programación, para que un redactor o un reportero pudiera subir la nota por sí mismo, sin tener que ir con el ingeniero. “No, no, tú lo haces; hay un botón “publicar”.” Claro, de ese botón pasaba a la revisión de supervisores. Un lector de contenido.

Ahora, hoy día tú tienes Twitter.

P: Todo el rastreo de la información de Cubadebate, se hizo mucho tiempo por Twitter.

R: Claro, pero aún así no tienes control de los contenidos, del diseño, es decir, inviertes lo de la foto.

P: Es el filtraje de la información. Ahí tienes los periódicos, las agencias, la gente, los editores. Tienes la gente inteligente que te gusta y le escribes y tienes los hechos, por ejemplo, cuando el golpe de estado en Ecuador. Estos medios dejan prácticamente obsoleta la televisión.

R: No es necesario, la imagen en la televisión es atrasada. Mi concepto de tiempo real es Twitter.


Más información en esta entrevista en Cuba:
https://lapupilainsomne.wordpress.com/2013/09/17/pedro-miguel-periodismo-y-tecnologia-parte-i/


Parte 2 de la entrevista

P: Tú decías que había que enfocarse en un nuevo concepto, el nuevo profesional para estos tiempos…

R: Porque no lo hay.

P: Pero, ¿cuál es ese nuevo profesional?

R: Es un profesional, en primer lugar, multidisciplinario, con una cultura vinculativa, que quiere decir tener la capacidad de hacer mini doctorado sen media hora.

P: Y capacidad de asociación de cosas…

R: Yo digo que así como el psicoanálisis tiene una asociación libre de ideas; yo trabajo con una asociación de links.

Es decir, una cosa me lleva a otra y a otra, y esas son mis construcciones. Tienes que saber ubicarte en las informaciones, tener agilidad, y una capacidad de respuesta demoledora.

Si ocurre un fenómeno, un hecho, hoy, a las 6 y 3 minutos, a las 6 y 20, tú tienes que tener una visión.

P: En eso la cultura política juega un papel importantísimo.

R: Sí, claro. Aunque tu visión te sirva solo para decir “esto es letras rojas”.

P: Sin embargo, estas son funciones tradicionales. En los periodistas se supone que siempre debió ser así.

R: No a esa velocidad, ni con la misma precisión. Un periodista clásico es una persona con una enorme audacia, muy impúdica, y muy ignorante. Suena horrible, suena devastador; voy a explicarme.

La audacia es obvia, sí. Tienes que retratar la bala cuando está todavía en la boca del cañón. Eso es el horror y la gloria del oficio.

Segundo: impúdico, porque un periodista tiene que ser un disociado. Él tiene que poder poner un micrófono al agonizante. Si en vez de eso, le da respiración boca a boca, será un gran ser humano, pero perdió la nota.

Y esa falta de pudor te tiene que servir para vivir a empujones entre los demás y ganar. Y tiene que ser un gran ignorante, y esto que suena peyorativo es al contrario, es el mayor elogio. Un periodista tiene que estar muy consciente de su ignorancia, tiene que trabajar con ella. No trabajas con el conocimiento, trabajas con la ignorancia. Se hace necesario un mapa preciso de tus lagunas, y cómo rellenarlas, en cada caso. Tener una red-conciencia, una conciencia de dónde está la red, por dónde está caminando, por dónde están las tendencias.

P: Esto es característico del ámbito de convergencia que estamos viviendo en el nuevo mundo.

R: Creo que deben borrarse las diferencias entre redactor-reportero-fotógrafo-camarógrafo-editor y diseñador. Hay una nueva estética, nuevas consideraciones. ¿Altas resoluciones o rápidas transmisiones?

P: Estamos viendo ahora virtuosos de la fotografía y de la cámara, utilizando la estética del YouTube, para poder hacer producciones artísticas. Los planos ya no son estos cerrados de la cámara, no. El uso de tipos de cortes nerviosos que se hacen en YouTube, la desfiguración de los entornos. Cosas maravillosas.

R: Hay una estética ya derivada de eso, de las bajas resoluciones. Aunque ya esté llegando la alta resolución  a  Internet, se quedó el sello de la impronta de la baja resolución como un valor. Videos de 320 x 200 puntos.

P: La maravilla de los flash mob.

R: Exacto. Conciencia de red, oportunidad, precisión.

P: Hablamos de un nuevo profesional, pero estamos también hablando de una nueva redacción; es otra gestión. Nos gustaría mucho que explicara el modelo de gestión. Sería interesante hablar también de la propiedad, el concepto propiedad en La Jornada. ¿Por qué logran la independencia y no los han absorbido, como ha pasado con toda la prensa? El hecho de que sean una especie de isla.

R: El fondo de esto es no es más que la conceptualización de la información como una relación social. Una forma de relación social con sus propias lógicas. Es decir, informado e informarse, o informador, no tiene nada que ver con producto mercantil, ni con la relación profesor-alumno.

P: Con representación, mas la gente no quiere ser representada, quiere decir las cosas.

R: Cuando tú informas estás estableciendo una relación singular y particular con tu informado. Si partes de esa base, donde la información es una forma de relación social, como el trabajo, lo que tienes es que darle otras relaciones sociales que también se manifiestan en el oficio, en el medio, etc. Se subordina el mensaje, y no al revés.

Hoy día ocurre que las relaciones se subordinan a otras de carácter mercantil, esa es la base de la distorsión. Es decir, tú no te diriges a tu mercado, tú te diriges a tu público, y es fundamental saber discernirlo.

P: Ya no es una relación un poco direccional, tiene una lógica circular.

R: También, es decir, hay una retroalimentación, en la que tú tienes que considerar que los informados, la opinión pública vota. Vota y te deja de leer, te deja de abrir, te deja de comprar, te deja de ver y te deja de escuchar.

O no, no vota, porque está sometida por un poder monopólico y hegemónico. Pero nuestra aspiración es el poder monopólico, y cuando lo rompamos, la gente va a votar, y puede votar en nuestra contra: “No, ya no me sirves, ya me hiciste la transición, gracias”. Tienes que competir, no en términos comerciales, sino una competencia por los decorados.

P: ¿Cuál es tu percepción de la relación de los llamados nativos digitales con los “antiguos medios”? ¿Qué está pasando, por ejemplo, con La Jornada y los jóvenes lectores? Los jóvenes no quieren leer los viejos periódicos.

R: Hay un renacimiento de la relación. La Jornada nace, espiritualmente, estrechamente emparentada con los jóvenes universitarios. Son los profesores escribiendo en el periódico, hay cosas que les inquietan. La Jornada empieza a crear temas, empieza a crear el tema de las minorías…

P: ¿Cuántas visitas diarias tiene ahora La Jornada?

R: Un millón.




Articulo original en:
https://lapupilainsomne.wordpress.com/2013/09/19/pedro-miguel-periodismo-y-tecnologia-parte-ii-el-nuevo-profesional/